Señor:
- Gracias por haber pasado a nuestro lado y habernos llamado por nuestro nombre a seguirte en la vida consagrada.
- Gracias por estar siempre con nosotras: en las alegrías y en las penas, en las tribulaciones y en las esperanzas.
- Gracias porque más allá de nuestras infidelidades sigues amándonos y confiando en nosotras.
- Gracias por renovarnos la llamada a ser felices en tu seguimiento.
- ¡Gracias!
María, Madre de la Iglesia y de los consagrados:
- Con tu ayuda y protección mantén el ritmo de nuestra esperanza y el fuego de nuestra pasión.
- Ven con nosotras al caminar, sé nuestra compañera de camino, como Madre y Maestra, y alcánzanos del Señor la capacidad de salir de nosotras mismas para ir al encuentro de los demás, como tú fuiste al encuentro de tu prima Isabel.
- Enséñanos a decir como tú "aquí estoy", cuando nos sentimos felices y cuando la luz ya no brilla, a decir "amén" ahora y en la hora de nuestra muerte... Fiat, amén.
¡En camino! |
"Nuestra vida consagrada tiene sentido porque permanecer con Él
e ir con Él por los caminos del mundo llevándolo, nos conforma a Él,
nos hace ser Iglesia, don para la humanidad"
Papa Francisco, 1-2-2016
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