Señor Jesús, tu Iglesia en camino hacia el Sínodo
dirige su mirada a todos los jóvenes del mundo.
Te pedimos para que con audacia
se hagan cargo de la propia vida,
vean las cosas más hermosas y profundas
y conserven siempre el corazón libre.
Acompañados por guías sapientes y generosos,
ayúdalos a responder a la llamada
que Tú diriges a cada uno de ellos,
para realizar el propio proyecto de vida y alcanzar la felicidad.
Mantén abiertos sus corazones a los grandes sueños
y haz que estén atentos al bien de los hermanos.
Como el Discípulo amado, estén también ellos al pie de la Cruz
para acoger a tu Madre, recibiéndola de Ti como un don.
Sean testigos de la Resurrección y sepan reconocerte vivo junto a ellos
anunciando con alegría que tú eres el Señor. Amén.
"Hola soy Sara María y soy del Nazaret de Valencia (España). Me han pedido que os comparta mi testimonio vocacional, así que allá voy. Todo comenzó con una invitación que nos hizo una de las hermanas a una convivencia de la JER, a una amiga y a mí. Como somos de Canarias para ir hasta la Península había que ir en avión, no hay otro medio y entonces cuando estábamos buscando los vuelos no había vuelos tampoco justo para el día de la convivencia sino para algunos días antes. Entonces esos días que esperábamos hasta que empezase nos quedamos en el Nazaret de Palencia y cuando andábamos por allí, en uno de esos momentos aparecieron unas hermanas, que estaban juntas, que compartían, que se reían y no sé porqué, o sí lo sé, de repente se me pasó por la cabeza la idea de ser como ellas. Y la respuesta, lógicamente fue rotunda, fue un no. ¿Yo monja?, ¡ni loca!… Ese fue mi primer paso por la cabeza de ser Misionera Eucarística de Nazaret, que yo en principio no lo relacionaba con el Señor ni nada. Después fuimos a la convivencia y allí descubrí un grupo de jóvenes como cualquier otro pero… se habían dado cuenta de que Jesús estaba en el Sagrario, y eso a mí me llegó mucho porque yo sí conocía a Jesús, sabía que Él cuidaba de mí, que me quería, pero no me había dado cuenta de que estaba presente y esperándome ahí en la Eucaristía y que era Él de verdad. Para mí eso fue algo muy importante, fue algo que me llegó mucho, fue un encuentro muy especial con Él y a partir de ese momento..."
Queridos jóvenes, Jesús nos pide que respondamos a su propuesta de vida, que decidamos cuál es el camino que queremos recorrer para llegar a la verdadera alegría. Se trata de un gran desafío para la fe. Jesús no tuvo miedo de preguntar a sus discípulos si querían seguirle de verdad o si preferían irse por otros caminos (cf. Jn 6,67). Y Simón, llamado Pedro, tuvo el valor de contestar: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68). Si sabéis decir “sí” a Jesús, entonces vuestra vida joven se llenará de significado y será fecunda (...)
Si de verdad dejáis emerger las aspiraciones más profundas de vuestro corazón, os daréis cuenta de que en vosotros hay un deseo inextinguible de felicidad, y esto os permitirá desenmascarar y rechazar tantas ofertas “a bajo precio” que encontráis a vuestro alrededor. Cuando buscamos el éxito, el placer, el poseer en modo egoísta y los convertimos en ídolos, podemos experimentar también momentos de embriaguez, un falso sentimiento de satisfacción, pero al final nos hacemos esclavos, nunca estamos satisfechos, y sentimos la necesidad de buscar cada vez más. Es muy triste ver a una juventud “harta”, pero débil.
San Juan, al escribir a los jóvenes, decía: «Sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al Maligno» (1 Jn 2,14). Los jóvenes que escogen a Jesús son fuertes, se alimentan de su Palabra y no se “atiborran” de otras cosas. Atreveos a ir contracorriente. Sed capaces de buscar la verdadera felicidad. Decid no a la cultura de lo provisional, de la superficialidad y del usar y tirar, que no os considera capaces de asumir responsabilidades y de afrontar los grandes desafíos de la vida.
Que María, la madre de los pobres y la estrella de la nueva evangelización, nos ayude a vivir el Evangelio, a encarnar las Bienaventuranzas en nuestra vida, a atrevernos a ser felices.