martes, 9 de enero de 2018

Ejercicios Espirituales en Nazaret (Palencia 2018)

Tandas de Ejercicios 2018:

* Del 6 al 15 de julio (ambos inclusive)
P. Javier García Ruiz de Medina, S.J.

* Del 21 al 30 de julio (ambos inclusive)
P. Javier Garzón, O.P.

* Del 22 al 31 de agosto (ambos inclusive)
P. Toni Catalá, S.J.

"Sol Jesús, que yo siempre esté a tu luz" (San Manuel González)

Casa de Espiritualidad "Santa María de Nazaret"
Ctra. de Burgos, s/n - Km. 2
34004 - Palencia
Tfnos.: 979721800 - 626150833
nazaretpa@planalfa.es

Ofrecemos:
*Capilla grande
* Oratorios
* Jardín con lugares espaciosos para la oración
* Comedores
* Salas de reuniones
* Habitaciones individuales y dobles
* Zona de albergue

La casa está abierta a:
* Ejercicios Espirituales
* Retiros para jóvenes y adultos
* Grupos de oración y profundización
* Encuentros intercongregacionales
* Capítulos generales
* Cursos de formación y conferencias
* Celebraciones y encuentros familiares
* Campamentos

¡Os esperamos!

viernes, 5 de enero de 2018

La oración de los Magos

   ¿Pero fueron hombres de oración esos gentiles? ¿Y hasta el punto de que puedan servir de modelo a los cristianos?
   La afirmativa es tan contundente que, con los solos rasgos que nos da el santo Evangelio del viaje de estos felices Magos desde las tinieblas a Jesús, se demuestra que precisamente a su condición de hombres de oración debieron su felicidad.
   No es preciso hacer violencia al texto sagrado para convencernos de que por la oración los Magos vieron la estrella, y por la oración conocieron, poseyeron y saborearon el misterio de la estrella.
   Andemos con ellos su camino y veremos cómo el viaje del Oriente a Belén de estos hombres es el viaje o la ascensión de unas almas desde los grados más bajos a los más altos de la oración; como que terminan nada menos que en la contemplación sobrenatural y mística de Dios.
   
   ¿Cómo se preparan los Magos para el viaje que había de santificarlos e inmortalizarlos?
   Con una vida de laboriosidad, de rectitud, de humildad y de constancia.
   El Evangelio no lo dice abiertamente, pero lo insinúa. El nombre de Magos o sabios con que los presenta indica que eran hombres habitualmente dedicados al estudio de la naturaleza y, por consiguiente, laboriosos; el pretender ver en aquella estrella rara o extraordinaria una señal de Dios, un indicio de algo grande de Dios, prueba la rectitud con que estudiaban y trabajaban buscando a Dios en las manifestaciones de la naturaleza y en los acontecimientos de la vida; aquel no fiarse de ellos mismos e indagar de los que pudieran o debieran saberlo el significado de aquella estrella, y estar dispuestos de antemano a adorar el misterio encubierto por Dios en ella, cantan muy a las claras su humildad de corazón, y aquel ponerse en camino largo, penoso y, al parecer, aventurero, sin arredrarse de ocultaciones de la estrella ni de trampas de envidiosos, predica su admirable constancia en el buen proceder. ¿Y no son éstas las mejores disposiciones para ser almas de oración?

     El fruto de la oración
   Y más que fruto, podría decir: manifestación del fruto de tan buena oración. Admirablemente está hecha esa manifestación en las palabras con que termina el evangelista la narración de esta escena: “Se volvieron a su tierra por otro camino” . ¡Qué buen sello de oración buena! ¡El cambio de caminos!
   Almas que vais a hablar muchas veces con Jesús Sacramentado, ¿son vuestros caminos de vuelta de más pureza de intención, de más bondad de corazón, de más puntualidad en el deber, de más generosidad con Dios y con el prójimo, de más vencimiento propio que el camino de ida? ¿Se conocen vuestros ratos de Sagrario en que salís más vasallos del Rey callado y entregado, entregándoos más en silencio y con más buena cara?

San Manuel González

(Fragmentos del libro: "Oremos en el Sagrario como se oraba en el Evangelio)



martes, 2 de enero de 2018

Un nuevo año para agradecer



   Una nueva ocasión para decir gracias. ¡¡¡Sí!!! ¡Gracias por tanto y por todo! Sí por todo. Gracias, Señor, porque has llamado a nuestro Nazaret a formar parte de tu proyecto maravilloso. ¡Gracias! Por habernos llamado a nosotras, a cada una de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, a ser parte de tu proyecto. ¡Gracias! Porque nos sostienes y acompañas en el camino de un proyecto tuyo que has querido compartir con nosotras. ¡Gracias! Por haber ido despertando en nosotras, cada día, esa capacidad de admiración que nos ayuda a ver, que nos ha hecho capaces de verdad, de bondad y de belleza. Gracias, gracias queremos darte... Gracias, gracias quiero darte...


¡Feliz y bendecido 2018!

domingo, 24 de diciembre de 2017

La cuna que le gusta

Y dio a luz a su Hijo primogénito... 
(Lc 2,7)

   Mi Madre Inmaculada busca, mendiga una cuna para su Jesús. Ni en las casas de los ricos, ni de los pobres, ni de los parientes, ni en el mesón de los transeúntes hay un rinconcito para colocar su cuna.
 
No había para ellos lugar en el mesón

   Triste, dura e injusta era aquella repulsa; pero al fin ni Ella ni su Jesús eran conocidos...
   Hoy, a los veinte siglos de predicación, de milagros, de beneficios, de Iglesia, de Eucaristía de Jesús, mi Madre sigue buscando cunas para su Hijo, que todavía no se ha cansado de querer nacer entre los hombres...
   ¿Encuentra muchas cunas?... ¿Limpias?... ¿Cedidas con gusto?... ¿Con generosidad?... ¿Con prontitud?... ¿Con calor o con frío?...
   ¿Cómo le presto yo ahora mi corazón?
   Madre mía, prepáralo tú a tu gusto y al suyo.
   Que mi Comunión os desagravie a los dos de aquella primera repulsa y de todas las sufridas después y de todas las cunas ofrecidas defectuosamente.

Y le envolvió en pañales

   Ya está aquí, dentro de mi corazón, tu despreciado Jesús.
   ¡Se ha contentado con este pobre pesebre! Madre mía, ¡me da pena pensar que lo va a encontrar duro y frío!
   ¡Si tú quisieras obtener para mi corazón un colchoncito de caridad para con mis prójimos, aunque sean mis enemigos, no sólo en la palabra, sino en el pensamiento y en la obra..., unos pañalitos de presencia afectuosa del Jesús tuyo y mío! Así, ¡blandito y abrigado!

Y le reclinó en un pesebre

   Déjalo ahí en mi corazón, no de pie, como el que se va, ni aun sentado, que se podría cansar, sino reclinado, acostado, como el que descansa en lo suyo y no quiere irse nunca...


FLORECILLA DE MI COMUNIÓN: "Corazón de mi Jesús acostado en la cuna de mi corazón, que cuanto quiera, diga y haga hoy te abrigue, te mezca y te recree".

(Del libro "Mi comunión de María", San Manuel González)

viernes, 8 de diciembre de 2017

Madre Inmaculada...

Madre Inmaculada, queremos aprender de ti a esperar a Jesús.
Queremos caminar contigo y como tú hacia el encuentro con Él.
Ayúdanos a disponernos para celebrar su venida,
Tú eres la estrella que nos guía hacia Él.
Ayúdanos, María, a reavivar el fuego de nuestra esperanza
en este tiempo de Adviento, para que sepamos acoger la Luz del mundo
y nos convirtamos en antorchas que iluminan la oscuridad de nuestro mundo.

Necesitamos tu mirada inmaculada,
para recuperar la capacidad de mirar a las personas y cosas
con respeto y reconocimiento
sin intereses egoístas o hipocresías.

Necesitamos de tu corazón inmaculado,
para amar en modo gratuito
sin segundos fines, sino buscando el bien del otro,
con sencillez y sinceridad, renunciando a máscaras y maquillajes.

Necesitamos tus manos inmaculadas,
para acariciar con ternura,
para tocar la carne de Jesús
en los hermanos pobres, abandonados, enfermos,
para levantar a los que se han caído y sostener a quien vacila.

Necesitamos de tus pies inmaculados,
para ir al encuentro de quienes no saben dar el primer paso,
para caminar por los senderos de quien se ha perdido,
para ir a encontrar a las personas solas.

Te agradecemos, oh Madre, porque al mostrarte a nosotros libre de toda mancha de pecado,
nos recuerdas que ante todo está la gracia de Dios,
está el amor de Jesucristo que dio su vida por nosotros,
está la fortaleza del Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas.
Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra. Ruega por nosotros.


Madre Inmaculada, la gran intercesora, ayer en el Evangelio, hoy en el Sagrario y siempre en la eternidad, enséñanos a decir con generosidad, firmeza y paz, en todo y siempre, tu respuesta al ángel: “Hágase en mí según tu palabra”.

Tú que conservaste en tu corazón las palabras que oías de Jesús y que acogiste con profundo amor el sueño de Dios para tu vida, intercede por nosotros para que redescubramos que la felicidad que anhelamos y que tenemos derecho a saborear tiene un nombre, un rostro, el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Amén.