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jueves, 8 de marzo de 2018

lunes, 29 de enero de 2018

Jornada de la #VidaConsagrada 2018

La Vida Consagrada, encuentro con el Amor de Dios

El 2 de febrero, fiesta litúrgica de la Presentación del Señor, se celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. “La Vida Consagrada, encuentro con el Amor de Dios” es el  lema de esta Jornada 2018 que se presenta como una “nueva ocasión de entrar en lo íntimo de uno mismo, para ver qué es lo esencial, lo más importante para nosotros, y qué nos está distrayendo del amor y por tanto nos impide ser felices. El amor de Dios es fiel siempre, no desilusiona, no defrauda”, recuerda la Comisión para la Vida Consagrada en su mensaje.

En este enlace podrás encontrar los Materiales para la Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2018

domingo, 24 de diciembre de 2017

La cuna que le gusta

Y dio a luz a su Hijo primogénito... 
(Lc 2,7)

   Mi Madre Inmaculada busca, mendiga una cuna para su Jesús. Ni en las casas de los ricos, ni de los pobres, ni de los parientes, ni en el mesón de los transeúntes hay un rinconcito para colocar su cuna.
 
No había para ellos lugar en el mesón

   Triste, dura e injusta era aquella repulsa; pero al fin ni Ella ni su Jesús eran conocidos...
   Hoy, a los veinte siglos de predicación, de milagros, de beneficios, de Iglesia, de Eucaristía de Jesús, mi Madre sigue buscando cunas para su Hijo, que todavía no se ha cansado de querer nacer entre los hombres...
   ¿Encuentra muchas cunas?... ¿Limpias?... ¿Cedidas con gusto?... ¿Con generosidad?... ¿Con prontitud?... ¿Con calor o con frío?...
   ¿Cómo le presto yo ahora mi corazón?
   Madre mía, prepáralo tú a tu gusto y al suyo.
   Que mi Comunión os desagravie a los dos de aquella primera repulsa y de todas las sufridas después y de todas las cunas ofrecidas defectuosamente.

Y le envolvió en pañales

   Ya está aquí, dentro de mi corazón, tu despreciado Jesús.
   ¡Se ha contentado con este pobre pesebre! Madre mía, ¡me da pena pensar que lo va a encontrar duro y frío!
   ¡Si tú quisieras obtener para mi corazón un colchoncito de caridad para con mis prójimos, aunque sean mis enemigos, no sólo en la palabra, sino en el pensamiento y en la obra..., unos pañalitos de presencia afectuosa del Jesús tuyo y mío! Así, ¡blandito y abrigado!

Y le reclinó en un pesebre

   Déjalo ahí en mi corazón, no de pie, como el que se va, ni aun sentado, que se podría cansar, sino reclinado, acostado, como el que descansa en lo suyo y no quiere irse nunca...


FLORECILLA DE MI COMUNIÓN: "Corazón de mi Jesús acostado en la cuna de mi corazón, que cuanto quiera, diga y haga hoy te abrigue, te mezca y te recree".

(Del libro "Mi comunión de María", San Manuel González)

martes, 11 de octubre de 2016

Una vida eucarística y eucaristizadora

   Urge la necesidad de dejarse encontrar personalmente por el Amor, que siempre tiene la iniciativa, para ayudar a los hombres a experimentar la Buena Noticia del encuentro con Jesucristo, de una manera especial en la Eucaristía.
   Don Manuel tuvo ese encuentro profundo, sintió una nueva llamada, descubrió una "ocupación en la que antes no había soñado".
   «Fuíme derecho al Sagrario de la restaurada iglesia en busca de alas a mis casi caídos entusiasmos, y... ¡qué Sagrario!  Pero no huí. Allí me quedé un rato largo y allí encontré mi plan de misión y alientos para llevarlo al cabo. Pero sobre todo encontré... Allí, de rodillas…, mi fe veía a través de aquella puertecilla apolillada, a un Jesús tan callado, tan paciente, tan desairado, tan bueno, que me miraba... Sí, parecíame que después de recorrer con su vista aquel desierto de almas, posaba su mirada entre triste y suplicante, que me decía mucho y me pedía más. Que me hacía llorar y guardar al mismo tiempo las lágrimas para no afligirlo más. Una mirada en la que se reflejaban unas ganas infinitas de querer y una angustia infinita también, por no encontrar quien quisiera ser querido... Una mirada en la que se reflejaba todo lo triste del Evangelio: lo triste del no había para ellos posada en Belén. Lo triste de aquellas palabras del Maestro: Y vosotros, ¿también queréis dejarme? Lo triste del mendigo Lázaro pidiendo las migajas sobrantes de la mesa del Epulón. Lo triste de la traición de Judas, de la negación de Pedro, de la bofetada del soldado, de los salivazos del pretorio, del abandono de todos...
   Yo no sé que nuestra religión tenga un estímulo más poderoso de gratitud, un principio más eficaz de amor, un móvil más fuerte de acción, que un rato de oración ante un Sagrario abandonado.
   De mi sé deciros que aquella tarde, en aquel rato de Sagrario, yo entreví para mi sacerdocio una ocupación en la que antes no había soñado.
   Servirle de pies para llevarlo a donde lo deseen, de manos para dar limosna en su nombre, aún a los que no lo quieren, de boca para hablar de Él y consolar por Él y gritar a favor de Él cuando se empeñen en no oírlo…hasta que lo oigan y lo sigan… ¡Que hermoso sacerdocio!» (Aunque todos… yo no, en OO.CC. II, nn- 15-17).
   El Papa Francisco, nos invita a renovar el encuentro personal con Jesucristo, a dejarnos encontrar por Él, como lo hizo nuestro Padre.
   Sólo gracias a ese encuentro –o reencuentro– con el amor de Dios, que se convierte en feliz amistad, llegamos a ser plenamente humanos. Cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero. Porque, si alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida, ¿cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros? (cfr. Evangelii gaudium 8).


miércoles, 12 de agosto de 2015

¡Enamórate!

Nada puede importar más que encontrar a Dios.
Es decir, enamorarse de Él
de una manera definitiva y absoluta.
Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación,
y acaba por ir dejando su huella en todo.
Será lo que decida qué es
lo que te saca de la cama en la mañana,
qué haces con tus atardeceres,
en qué empleas tus fines de semana,
lo que lees, lo que conoces,
lo que rompe tu corazón,
y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.
¡Enamórate! ¡Permanece en el amor!
Todo será de otra manera.

(Pedro Arrupe, sj)

"¡Enamórate! ¡Permanece en el amor! Todo será de otra manera..."

miércoles, 18 de febrero de 2015

Cuaresma: dejarse tocar el corazón

La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos (...)
Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31). Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.
Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum Cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante al tuyo” (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.



domingo, 1 de febrero de 2015

"Yo también quiero amar así" (Testimonios, Hna Zuly Mª)

¿Por dónde empezar? ¿Qué contar? Son muchas las experiencias maravillosas que me ha regalado el Señor, enriquecidas con el carisma y originalidad del Beato Manuel González.

Escribiré dos testimonios, el primero lo considero la raíz de mi vocación como Misionera Eucarística de Nazaret; la semilla primigenia que luego iría creciendo y madurando, mi primer llamado a una vida eucarística. Esto sucedió cuando yo era apenas una niña y asistía a la catequesis de primera comunión. Recuerdo claramente el día que la catequista nos dijo que Dios nos amaba tanto, que había enviado a su Hijo Único al mundo para que muriera por nosotros en una cruz, para salvarnos, y esto lo hacía por puro amor. Entonces dije en mí interior: “yo también quiero amar así, con Jesús y junto a Jesús”. Luego, un día, sentada en el primer banco de la Iglesia, durante la Eucaristía, fui totalmente consciente, por pura gracia de Dios, que aquel Jesús que tantas veces había visto en las estampas del via crucis, que había sido crucificado y había quedado completamente solo en la cruz, con la compañía de la Virgen María y otras personas que no conocía, era el mismo Jesús que estaba presente en la Hostia Consagrada y que el Sacerdote elevaba durante la consagración. En ese momento quise que aquello que yo había descubierto, muchos más también lo supieran, porque de esta manera Jesús dejaría de sufrir, de estar solo. Además, fue algo tan maravillo aquel descubrimiento que yo quería que otros también lo supieran y disfrutaran.
El segundo testimonio está enmarcado en la misión. Todo ocurrió de la siguiente forma: yo ya estaba en la Congregación, tenía apenas un mes de postulante, era Semana Santa y nos íbamos de misión a un pueblo que solo Dios, y la persona que nos llevaría, sabían dónde quedaba. Esta fue mi primera misión. Éramos tres, Hna. Mª Carlina, Darwin (un chico de la Jer) y yo. Iniciamos nuestro camino muy contentos, disfrutando del paisaje, pero al llegar al lugar todo cambió. Primero: no teníamos lugar dónde quedarnos; segundo: al llegar a la Iglesia aquello era una plaza totalmente abierta, sin puertas ni ventanas, con las mujeres hablando dentro y los niños corriendo de un lugar a otro, y desde luego, sin Sagrario, ni Altar, ni nada. Queríamos salir corriendo, pero ahí nos quedamos. Al pasar los días y no tener respuesta positiva de la gente del lugar, nuestro desánimo fue en aumento, pero un día, de camino por el río, de regreso a la escuela donde nos quedábamos esos días, nos llegó el golpe de Gracia. Todos queríamos regresar a nuestras casas, a nuestra parroquia donde todo estaba bien organizado y la piedad de la gente desbordaba, con nuestros amigos y hermanas de comunidad con los que podíamos rezar… y nos dijimos: “si nosotros nos vamos, esta pobre gente se quedará con menos de lo que tiene de Dios, nadie les hablará de Jesús, si nos han enviado hasta aquí es por algo, es porque el Señor lo quiere, es porque la gente necesita de Dios y somos nosotros los que debemos acercarles a Él". Y como el Bto. Manuel dijimos: "Aunque todos… yo no…”. Y nos quedamos hasta el final de la misión, el Domingo de Resurrección. Este es mi Palomares del Río.
Hna. Zuly Mª, men

lunes, 1 de septiembre de 2014

Quisiera decir...


"Quisiera decir a quien se siente indiferente hacia Dios, hacia la fe, a quien está lejano de Dios o lo ha abandonado, también a nosotros, con nuestros "alejamientos" y nuestros "abandonos" de Dios, quizás pequeños, pero, ¡hay tantos en la vida cotidiana!: mira en lo profundo de tu corazón, mira en lo íntimo de ti mismo y pregúntate: ¿hay un corazón que desea cosas grandes o un corazón adormecido por las cosas? ¿Tu corazón ha conservado la inquietud de la búsqueda o lo has dejado sofocar por las cosas, que terminan por atrofiarlo? Dios te espera, te busca: ¿qué respondes? ¿Te has dado cuenta de esta situación de tu alma? ¿O duermes? ¿Crees que Dios te espera o para ti esta verdad son solamente "palabras"? 

(Papa Francisco, 30 de agosto de 2013)





viernes, 23 de mayo de 2014

Para mí la vida es Cristo

   Cristo es vida para todos, es amor. Es presencia, encuentro, amistad, consuelo, confianza, comunión, alimento, es Eucaristía...
   Sí, la Eucaristia: es Alguien que te conoce, te habla, te escucha, te espera, te mira, te abraza, se da del todo, te fortalece, te acompaña.
   Que te invita… a soñar… ¿y tú sueñas? Dios sueña con el hombre… Sueña contigo.
   ¿Quieres conocer un sueño hecho realidad?

   Un hombre (Manuel Gonzalez Garcia) Una misión. Un impacto. Un flechazo. Un impulso. Una mirada. Un cambio. UN ENCUENTRO. La sorpresa de un carisma. El sello de Dios. Un pueblo. Una Iglesia vacía, sucia. Un sagrario solo, descuidado, abandonado. Pero Jesús seguía allí. Quería cumplir su sueño y encontró un corazón dispuesto que lo anunciase. 
   Manuel… Cautivado por su mirada descubrió un amor que se entrega hasta el final. A partir de ahora su vida no tendrá mas que un objetivo: "Eucaristizar", volver a un pueblo loco de amor por el Corazón Eucarístico de Jesús. Descubrir a Jesús vivo y abandonado en la Eucaristía le llevó a descubrirlo abandonado en los hermanos.
   Y entonces vinieron las obras, todo desde la Eucaristía. Hasta aquí su experiencia.

   Para nosotras también la vida es Cristo. Presencia transformante.
Somos Misioneras: enviadas por la Iglesia y la Congregación a anunciar  el Evangelio de la Eucaristía.
Eucarísticas: nuestra misión, acercar a todos a Jesús vivo.
de Nazaret: vida oculta y sencilla  como Jesús en Nazaret.


Ahora tú...
¿Sueñas? ¿Qué anhelas? ¿Qué esperas?
Cristo sueña contigo…  ¿cuál es tu respuesta?

martes, 24 de diciembre de 2013

¡Feliz Navidad!

    Hace algo más de dos mil años nació un niño chiquito en una aldea perdida de Israel, cuando aquel país estaba sometido bajo el Imperio Romano. Nada especial hubiera tenido aquel acontecimiento si aquel niño no hubiera sido el Salvador, el Hijo de Dios.
    Con aquel niño nacía una esperanza para el mundo entero, porque mirando a aquel niño, nos damos cuenta de lo importantes que somos para Dios. ¡Dios nos ama y nos ha regalado lo mejor de sí mismo, a su propio Hijo!
    En Navidad celebramos el nacimiento y la infancia de aquel niño, pero no lo hacemos como un hecho del pasado, sino como un acontecimiento actual, que sigue siendo un motor de vida nueva para todos y cada uno de nosotros: cuando escuchamos su Palabra, cuando celebramos la Eucaristía, cuando nuestra existencia está movida por el Amor, con mayúsculas.
    En estos días, "vayamos a Belén", acerquémonos a Jesús, que sigue vivo y presente en medio de los que creemos en él y continúa bendiciéndonos con su Espíritu, para que seamos como él mismo fue. Él sigue siendo nuestro compañero de camino, aunque en ocasiones no nos demos cuenta, y sigue inspirando en nosotros, con su gracia, lo mejor de cada uno.
¡Feliz Navidad!



jueves, 21 de febrero de 2013

Prefiero... el Amor


   La semana pasada, tuvimos en Palencia la Semana de Cine Espiritual y fuimos a ver la película “Prefiero el paraíso” (vida de San Felipe Neri).  Me ayudó mucho para pensar en esta cuaresma. La única regla de San Felipe Neri fue “LA CARIDAD”.   


   Y recordé el mensaje del Papa Benedicto XVI para este tiempo de gracia: Creer en la caridad suscita caridad.
   "Que en este tiempo precioso reavivemos la fe en Jesucristo, para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida.” (Benedicto XVI)

   ¿Crees en ese Amor apasionado de Dios 
que te precede y te invita a amar con su Corazón?

Hna. María Nélida
Misionera Eucarística de Nazaret


viernes, 8 de febrero de 2013

Creer en el Amor


   La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios. 

Benedicto XVI