"Así ama Él... hasta el extremo"
Retiro de Semana Santa en Nazaret Santa Fe (Argentina)
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| La Vida Consagrada, encuentro con el Amor de Dios |
Escribiré dos
testimonios, el primero lo considero la raíz de mi vocación como Misionera
Eucarística de Nazaret; la semilla primigenia que luego iría creciendo y
madurando, mi primer llamado a una vida eucarística. Esto sucedió cuando
yo era apenas una niña y asistía a la catequesis de primera comunión. Recuerdo
claramente el día que la catequista nos dijo que Dios nos amaba tanto, que
había enviado a su Hijo Único al mundo para que muriera por nosotros en una
cruz, para salvarnos, y esto lo hacía por puro amor. Entonces dije en mí
interior: “yo también quiero amar así,
con Jesús y junto a Jesús”. Luego, un día, sentada en el primer banco de la
Iglesia, durante la Eucaristía, fui totalmente consciente, por pura gracia de
Dios, que aquel Jesús que tantas veces había visto en las estampas del via crucis, que había sido crucificado y había quedado completamente solo en la
cruz, con la compañía de la Virgen María y otras personas que no conocía, era
el mismo Jesús que estaba presente en la Hostia Consagrada y que el Sacerdote
elevaba durante la consagración. En ese momento quise que aquello que yo había
descubierto, muchos más también lo supieran, porque de esta manera Jesús
dejaría de sufrir, de estar solo. Además, fue algo tan maravillo aquel
descubrimiento que yo quería que otros también lo supieran y disfrutaran.
Para nosotras también la vida es Cristo. Presencia transformante.