Mostrando entradas con la etiqueta San Manuel González. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Manuel González. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de enero de 2018

La oración de los Magos

   ¿Pero fueron hombres de oración esos gentiles? ¿Y hasta el punto de que puedan servir de modelo a los cristianos?
   La afirmativa es tan contundente que, con los solos rasgos que nos da el santo Evangelio del viaje de estos felices Magos desde las tinieblas a Jesús, se demuestra que precisamente a su condición de hombres de oración debieron su felicidad.
   No es preciso hacer violencia al texto sagrado para convencernos de que por la oración los Magos vieron la estrella, y por la oración conocieron, poseyeron y saborearon el misterio de la estrella.
   Andemos con ellos su camino y veremos cómo el viaje del Oriente a Belén de estos hombres es el viaje o la ascensión de unas almas desde los grados más bajos a los más altos de la oración; como que terminan nada menos que en la contemplación sobrenatural y mística de Dios.
   
   ¿Cómo se preparan los Magos para el viaje que había de santificarlos e inmortalizarlos?
   Con una vida de laboriosidad, de rectitud, de humildad y de constancia.
   El Evangelio no lo dice abiertamente, pero lo insinúa. El nombre de Magos o sabios con que los presenta indica que eran hombres habitualmente dedicados al estudio de la naturaleza y, por consiguiente, laboriosos; el pretender ver en aquella estrella rara o extraordinaria una señal de Dios, un indicio de algo grande de Dios, prueba la rectitud con que estudiaban y trabajaban buscando a Dios en las manifestaciones de la naturaleza y en los acontecimientos de la vida; aquel no fiarse de ellos mismos e indagar de los que pudieran o debieran saberlo el significado de aquella estrella, y estar dispuestos de antemano a adorar el misterio encubierto por Dios en ella, cantan muy a las claras su humildad de corazón, y aquel ponerse en camino largo, penoso y, al parecer, aventurero, sin arredrarse de ocultaciones de la estrella ni de trampas de envidiosos, predica su admirable constancia en el buen proceder. ¿Y no son éstas las mejores disposiciones para ser almas de oración?

     El fruto de la oración
   Y más que fruto, podría decir: manifestación del fruto de tan buena oración. Admirablemente está hecha esa manifestación en las palabras con que termina el evangelista la narración de esta escena: “Se volvieron a su tierra por otro camino” . ¡Qué buen sello de oración buena! ¡El cambio de caminos!
   Almas que vais a hablar muchas veces con Jesús Sacramentado, ¿son vuestros caminos de vuelta de más pureza de intención, de más bondad de corazón, de más puntualidad en el deber, de más generosidad con Dios y con el prójimo, de más vencimiento propio que el camino de ida? ¿Se conocen vuestros ratos de Sagrario en que salís más vasallos del Rey callado y entregado, entregándoos más en silencio y con más buena cara?

San Manuel González

(Fragmentos del libro: "Oremos en el Sagrario como se oraba en el Evangelio)



domingo, 24 de diciembre de 2017

La cuna que le gusta

Y dio a luz a su Hijo primogénito... 
(Lc 2,7)

   Mi Madre Inmaculada busca, mendiga una cuna para su Jesús. Ni en las casas de los ricos, ni de los pobres, ni de los parientes, ni en el mesón de los transeúntes hay un rinconcito para colocar su cuna.
 
No había para ellos lugar en el mesón

   Triste, dura e injusta era aquella repulsa; pero al fin ni Ella ni su Jesús eran conocidos...
   Hoy, a los veinte siglos de predicación, de milagros, de beneficios, de Iglesia, de Eucaristía de Jesús, mi Madre sigue buscando cunas para su Hijo, que todavía no se ha cansado de querer nacer entre los hombres...
   ¿Encuentra muchas cunas?... ¿Limpias?... ¿Cedidas con gusto?... ¿Con generosidad?... ¿Con prontitud?... ¿Con calor o con frío?...
   ¿Cómo le presto yo ahora mi corazón?
   Madre mía, prepáralo tú a tu gusto y al suyo.
   Que mi Comunión os desagravie a los dos de aquella primera repulsa y de todas las sufridas después y de todas las cunas ofrecidas defectuosamente.

Y le envolvió en pañales

   Ya está aquí, dentro de mi corazón, tu despreciado Jesús.
   ¡Se ha contentado con este pobre pesebre! Madre mía, ¡me da pena pensar que lo va a encontrar duro y frío!
   ¡Si tú quisieras obtener para mi corazón un colchoncito de caridad para con mis prójimos, aunque sean mis enemigos, no sólo en la palabra, sino en el pensamiento y en la obra..., unos pañalitos de presencia afectuosa del Jesús tuyo y mío! Así, ¡blandito y abrigado!

Y le reclinó en un pesebre

   Déjalo ahí en mi corazón, no de pie, como el que se va, ni aun sentado, que se podría cansar, sino reclinado, acostado, como el que descansa en lo suyo y no quiere irse nunca...


FLORECILLA DE MI COMUNIÓN: "Corazón de mi Jesús acostado en la cuna de mi corazón, que cuanto quiera, diga y haga hoy te abrigue, te mezca y te recree".

(Del libro "Mi comunión de María", San Manuel González)

martes, 2 de mayo de 2017

Miradas

Misioneras Eucarísticas de Nazaret

seducidas por una mirada
"una mirada que me decía mucho y me pedía más" (SMG)

1921 - 3 de mayo - 2017

¡Feliz aniversario Nazaret!


"El Corazón de Jesús en el Sagrario me mira.
Me mira siempre.
Me mira en todas partes...
Me mira como si no tuviera que mirar a nadie más que a mí.
¿Por qué?
Porque me quiere, y los que se quieren ansían mirarse..."

San Manuel González


jueves, 2 de febrero de 2017

Mi primer Sagrario abandonado

   "Fuime derecho al Sagrario de la restaurada iglesia en busca de alas a mis casi caídos entusiasmos, y... ¡qué Sagrario!
   Un ventanuco como de un palmo cuadrado, con más telarañas que cristales, dejaba entrar trabajosamente la luz de la calle con cuyo auxilio pude distinguir un azul tétrico de añil, que cubría las paredes; dos velas que lo mismo podían ser de sebo que de tierra o de las dos cosas juntas; unos manteles con encajes de jirones y quemaduras y adornos de goterones negros; una lámpara mugrienta goteando aceite sobre unas baldosas pringosas; algunas más colgaduras de telarañas, ¡qué Sagrario, Dios mío! ¡Y qué esfuerzos tuvieron que hacer allí mi fe y mi valor para no volver a tomar el burro del sacristán, que aún estaba amarrado a los aldabones de la puerta de la iglesia, y salir corriendo para mi casa!
   Pero no huí. Allí me quedé un rato largo y allí encontré mi plan de misión y alientos para llevarlo a cabo. Pero sobre todo encontré...
   Allí, de rodillas ante aquel montón de harapos y suciedades, mi fe veía a través de aquella puertecilla apolillada, a un Jesús tan callado, tan paciente, tan desairado, tan bueno, que me miraba...   Sí, parecíame que después de recorrer con su vista aquel desierto de almas, posaba su mirada entre triste y suplicante, que me decía mucho y me pedía más. Que me hacía llorar y guardar al mismo tiempo las lágrimas para no afligirlo más. Una mirada en la que se reflejaban unas ganas infinitas de querer y una angustia infinita también, por no encontrar quien quisiera ser querido...
   De mí sé deciros que aquella tarde, en aquel rato de Sagrario, entreví para mi sacerdocio una ocupación en la que antes no había ni soñado y para mis entusiasmos otra poesía que antes me era desconocida.
   Ser cura de un pueblo que no quisiera a Jesucristo, para quererlo yo por todo el pueblo. Emplear mi sacerdocio en cuidar a Jesucristo en las necesidades que su vida de Sagrario le ha creado. Alimentarlo con mi amor. Calentarlo con mi presencia. Entretenerlo con mi conversación. Defenderlo contra el abandono y la ingratitud. Proporcionar desahogos a su Corazón con mis santos Sacrificios. Servirle de pies para llevarlo a donde lo desean. De manos para dar limosna en su nombre aun a los que no lo quieren. De boca para hablar de Él y consolar por Él y gritar a favor de Él cuando se empeñen en no oírlo... hasta que lo oigan y lo sigan... ¡Qué hermoso sacerdocio!
   Al poema pastoril en mis ensueños apostólicos del seminario, había sucedido de pronto la visión de una tragedia.
   Sobre aquel cuadro todo luz, todo expansión, todo alegría de los pueblos que yo creía cristianos y que por tanto tiempo había embelesado mi alma, acababa de caer una mancha roja, como de sangre, que quitaba toda la alegría del cuadro y apagaba toda la luz.
   ¡La sangre que al Corazón más bueno de todos los buenos corazones de padres, le está haciendo brotar la herida del abandono más cruel y brutal de todos los malos hijos! ¡Ay! abandono del Sagrario, ¡cómo te quedaste pegado a mi alma!
   ¡Ay!, ¡qué claro me hiciste ver todo el mal que de ahí salía y todo el bien que por él dejaba de recibirse! ¡Ay!, ¡qué bien me diste a entender la definición de mi sacerdocio haciéndome ver que un sacerdote no es ni más ni menos que un hombre elegido y consagrado por Dios para pelear contra el abandono del Sagrario!"

San Manuel González
2 de febrero de 1902

Imagen del corto "Sagrario, hogar de abandonados"

lunes, 31 de octubre de 2016

Orar con los santos

José de Nazaret: Enséñanos la disponibilidad a los planes de Dios Padre, aunque no los entendamos y nos despoje de nuestros proyectos.

María Magdalena: Enséñanos a amar apasionadamente al Señor Jesús y a confiar sin límites en su misericordia.

Juan Evangelista: Enséñanos a no abandonar nunca al Maestro y a permanecer a su lado hasta la cruz junto con María.

Marta de Betania: Enséñanos a confiar en Jesús como tú, para manifestarle siempre con libertad y sencillez lo que sentimos.

Pablo de Tarso: Enséñanos a ser valientes en el anuncio de la Buena Nueva, sin miedo al precio que ello suponga.

Teresa de Jesús: Enséñanos el divino arte de la amistad entrañable con Jesús, y a que nada nos turbe ni espante.

Agustín de Hipona: Enséñanos a buscar siempre la única Verdad que anhela el corazón, no buscando fuera lo que está dentro de nosotros.

Santa Mónica: Enséñanos el auténtico amor maternal: desear y anhelar para aquellos a quien se ama lo que Dios quiere de ellos.

San Juan Bosco: Enséñanos a acompañar a los niños y jóvenes con alegría y paciencia, sabiendo sacar lo mejor de ellos.

San Manuel González: Enséñanos a dejarnos eucaristizar para ser testigos de tu Presencia y a estar cerca de los abandonados de nuestro mundo.


María, guíanos en nuestro caminar hacia la santidad:

Madre, abre nuestro oído a la Palabra, 
para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.
Aviva en nosotras el deseo de seguir sus pasos,
saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.
Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.
Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor,
sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz.
Siembra en nuestros corazones el deseo de santidad.
Recuérdanos que en este camino no estamos nunca solos.
Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino.
Madre Inmaculada, tú que has hecho la voluntad del Padre,
sé nuestra intercesora para que nos dejemos llenar del Espíritu Santo
y le dejemos hacer en nuestra vida, como Tú. Amén.

domingo, 30 de octubre de 2016

Llamados a la santidad

   "Confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo... Lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: Seréis santos, porque yo soy santo..." (1Pe 1,13ss)
   Ser santos como nuestro Padre celestial, es decir, amar como nuestro Padre nos ama... Es Dios quien nos ha amado primero y en Jesús nos ha hecho sus hijos adoptivos. En nuestra vida todo es don de su amor. ¿Cómo quedar indiferentes ante un misterio tan grande? En Cristo se nos entregó totalmente a sí mismo, y nos llama a una relación personal y profunda con él.
   Tal vez esto les bastó a los santos, caer en la cuenta de que el Amor basta, y llevaban grabada la huella de ese Amor. Por eso, su distintivo fue convertirse en canal del amor de Dios encarnado que continuamente se nos ofrece en abundancia: "El que cree en mí... de sus entrañas manarán ríos de agua viva" (Jn 7,38).


   San Manuel González nos anima en el camino de la santidad con estas palabras:
   "Es un secreto a voces: a más fidelidad en el cumplimiento del propio deber, más santidad. Ser santo es lo mismo que ser fiel.
   Pero para que no se asusten, les diré que hay dos fidelidades, o mejor, dos modos de ejecutarla: la fidelidad de no caer nunca y la fidelidad de levantarse siempre. La primera fidelidad que conste, por lo menos por la fe, no la ha tenido de cierto y siempre más que nuestra Madre Inmaculada. La segunda, en cambio, la han tenido todos los santos y es la que los ha hecho santos.
   Teniendo a vuestro alcance a un Jesús tan manirroto y de Corazón tan de par en par a fuerza de dar misericordia, ¿tendréis miedo de ejercitar la fidelidad de levantaros siempre? ¡Siempre! Es decir, muchas, muchas, muchas veces. Antes os cansaréis vosotros de levantaros por falta de humilde confianza, que Él de daros su mano y el perdón de su Corazón por falta de misericordia."

martes, 18 de octubre de 2016

San Manuel González - Novena

Novena para alcanzar gracias por intercesión de San Manuel González

   "Señor Jesucristo te damos gracias porque en San Manuel González se ha hecho vida tu Misterio Eucarístico a través de una fe luminosa, una caridad intensa y una esperanza plena.
   Por su intercesión derrama en nosotros el deseo ardiente de eucaristizar, para que toda la humanidad acoja la Luz y la Vida que brota de tu Corazón y en unión de María Inmaculada seamos en el mundo testigos de un amor reparador.
   Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén".

Pídase la gracia que se desea alcanzar por la intercesión de San Manuel González.


Apóstol de la Eucaristía (canción)

Apóstol de la Eucaristía

La santidad es el adorno de tu casa,
Dios ha mirado la pobreza de tu barro.
Tu humilde corazón acoge como un don
la abundancia de su Amor.

PARA LA GLORIA DE DIOS,
COMO UN RAYO DE SOL,
HOY RESPLANDECE EN LA IGLESIA
LA SANTIDAD DE UN BUEN PASTOR.

En el silencio de tu vida encontraste
una mirada que acalló todos tus miedos.
Jesús que te impulsó, que te pedía algo más,
un plus de amor reparador.

APÓSTOL DE UNA MISIÓN,
LA EUCARISTÍA ES EL DON
QUE SE PROPAGA COMO FUEGO
CENTUPLICADO POR AMOR.

Para el camino de tus pasos descubriste,
la providencia que salió siempre a tu encuentro.
Sin nada que repartir, a pobres sacias de pan,
y aún te sobra para más.

PARA LA GLORIA DE DIOS,
COMO UN RAYO DE SOL,
HOY RESPLANDECE EN LA IGLESIA
LA SANTIDAD DE UN BUEN PASTOR.

Una limosna para el Pobre de los pobres,
quieres de todos los que acuden a tu mesa.
Una respuesta de amor, a quien se da por Amor
y se comparte en comunión.

APÓSTOL DE UNA MISIÓN,
LA EUCARISTÍA ES EL DON
QUE SE PROPAGA COMO FUEGO
CENTUPLICADO POR AMOR.

Tu sueño de pastor marcó el nuevo destino,
el Evangelio eucarístico andando.
Proyecto del Amor, según su Corazón,
pastores para la misión.

PARA LA GLORIA DE DIOS,
COMO UN RAYO DE SOL,
HOY RESPLANDECE EN LA IGLESIA
LA SANTIDAD DE UN BUEN PASTOR.

Como una fuente inagotable surgen obras,
que con tu frágil barro Dios va escribiendo.
Manuel González, tú, con tu fidelidad,
das siempre cauce a su bondad.

APÓSTOL DE UNA MISIÓN,
LA EUCARISTÍA ES EL DON
QUE SE PROPAGA COMO FUEGO
CENTUPLICADO POR AMOR.