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viernes, 8 de diciembre de 2017

Madre Inmaculada...

Madre Inmaculada, queremos aprender de ti a esperar a Jesús.
Queremos caminar contigo y como tú hacia el encuentro con Él.
Ayúdanos a disponernos para celebrar su venida,
Tú eres la estrella que nos guía hacia Él.
Ayúdanos, María, a reavivar el fuego de nuestra esperanza
en este tiempo de Adviento, para que sepamos acoger la Luz del mundo
y nos convirtamos en antorchas que iluminan la oscuridad de nuestro mundo.

Necesitamos tu mirada inmaculada,
para recuperar la capacidad de mirar a las personas y cosas
con respeto y reconocimiento
sin intereses egoístas o hipocresías.

Necesitamos de tu corazón inmaculado,
para amar en modo gratuito
sin segundos fines, sino buscando el bien del otro,
con sencillez y sinceridad, renunciando a máscaras y maquillajes.

Necesitamos tus manos inmaculadas,
para acariciar con ternura,
para tocar la carne de Jesús
en los hermanos pobres, abandonados, enfermos,
para levantar a los que se han caído y sostener a quien vacila.

Necesitamos de tus pies inmaculados,
para ir al encuentro de quienes no saben dar el primer paso,
para caminar por los senderos de quien se ha perdido,
para ir a encontrar a las personas solas.

Te agradecemos, oh Madre, porque al mostrarte a nosotros libre de toda mancha de pecado,
nos recuerdas que ante todo está la gracia de Dios,
está el amor de Jesucristo que dio su vida por nosotros,
está la fortaleza del Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas.
Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra. Ruega por nosotros.


Madre Inmaculada, la gran intercesora, ayer en el Evangelio, hoy en el Sagrario y siempre en la eternidad, enséñanos a decir con generosidad, firmeza y paz, en todo y siempre, tu respuesta al ángel: “Hágase en mí según tu palabra”.

Tú que conservaste en tu corazón las palabras que oías de Jesús y que acogiste con profundo amor el sueño de Dios para tu vida, intercede por nosotros para que redescubramos que la felicidad que anhelamos y que tenemos derecho a saborear tiene un nombre, un rostro, el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Amén.

viernes, 5 de mayo de 2017

María de Nazaret

   Madre, abre nuestro nuestro oído a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.
   Aviva en nosotras el deseo de seguir los pasos de tu Hijo, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.
   Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.
   Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz.
   Siembra en nuestros corazones el deseo de santidad.
   Recuérdanos que en este camino no estamos nunca solas.
   Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino.
 
   Madre Inmaculada, tú que has hecho la voluntad del Padre, sé nuestra intercesora para que nos dejemos llenar del Espíritu Santo y le dejemos hacer en nuestra vida, como Tú. Amén.




ALÉGRATE, Virgen María, 
en ti se ha cumplido de modo admirable el misterio de la llamada. 

LLENA DE GRACIA, 
Tú eres la imagen de lo que Dios cumple, en quien a él se confía. 

EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO 
en el “SÍ” generoso del gozo y de la entrega. 

Joven hija de Sión, estrella de la mañana 
que guías los pasos de la humanidad, oriéntanos hacia Aquel 
que es “la alegría verdadera que llena plenamente”. Amén.

domingo, 2 de abril de 2017

Jornada de Oración por las Vocaciones 2017


ORACIÓN

Padre, quiero abrir mi corazón al mundo,
dar a conocer el tesoro de tu ternura
y anunciar tu alegría a mis hermanos.
“Aquí estoy, envíame”.
Quiero ser “portador de Cristo”,
profeta de tu palabra y testigo de tu amor,
hasta alcanzar los confines de la tierra.
“Aquí estoy, envíame”.
Tú, que nos empujas con tu Espíritu
y superas nuestras expectativas,
camina conmigo y sé siempre mi fuerza.
“Aquí estoy, envíame”.
Te lo pido por medio de María,
la humilde, la generosa, la valiente. Amén.





miércoles, 7 de diciembre de 2016

Vigilia de la Inmaculada

Se prepara: Una imagen de la Virgen María, unas velitas en el suelo donde esté escrito el nombre de MARIA, la Biblia y un foco que ilumine y resalte la imagen (aunque estará apagado al inicio).

PRESIDENTE:  En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bienvenidos a esta celebración en torno a María, la llena de gracia, que no ha sido tocada por el pecado ni por un solo momento, la Inmaculada Concepción. En esta noche celebramos a María, que nos ayuda a acoger y a seguir a su Hijo Jesús, el que trae la salvación al mundo. Celebramos a María, que nos enseña a escuchar el nombre nuevo por el que Dios nos llama. Celebramos a María, que acompaña y alienta caminos misioneros de entrega en y para el mundo de hoy.

GESTO + CANTO: Se enciende el foco que ilumina la imagen de María mientras se canta María, mírame.

VOZ 1: DIOS REGALA A MARÍA UN NOMBRE NUEVO: LLENA DE GRACIA

VOZ 2 (un joven): Cuando el tiempo de Dios llegó a su plenitud, visitó la tierra y llamó a la puerta del corazón de una mujer, una puerta que siempre estaba abierta. Habló directamente con ella, traía una Buena Nueva para la humanidad. Así se comportó Dios y así se porta: escoge un lugar sencillo y pobre para entrar en el mundo, entra en la historia delicadamente, saludando, pidiendo acogida. Se acerca al ser humano con alegría, generando vida y esperanza.

Silencio breve

VOZ 3 (una joven): María, estás a la espera. Con tu corazón pobre y tus manos vacías, abiertas y libres. Acoges los planes de Dios, que traen la dicha y la paz para la humanidad.

Silencio breve

VOZ 2: Con María el mundo, también nosotros, quedamos habitados por Dios, abiertos a la ternura y al gozo.

SACERDOTE: Del Evangelio de San Lucas. (1,28b-29).
Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.

Silencio orante para releer el texto, fijándonos en qué es lo que más nos llama la atención y preguntándonos qué es lo que Dios quiere decirnos a través de eso.

VOZ 1: Un famoso rabino judío dice que todos, en la vida, tenemos tres nombres, pero sólo uno es el importante: El primero es el nombre que nos pone la familia al nacer. Podríamos decir que no es realmente nuestro nombre: es sólo el deseo de nuestros padres. El segundo es el nombre que nos pone la sociedad; es el nombre por el que se nos conoce, según lo que hagamos. Tampoco puede ser este nuestro nombre importante, porque representa sólo una parte de nosotros mismos. El tercero es el nombre que tenemos para Dios; el nombre que nos pone Dios, el nombre que surge del encuentro, de la experiencia de Dios. Este es nuestro verdadero nombre, el importante. Dice el rabino que toda nuestra vida debe estar orientada a descubrir cuál es el nombre por el que nos conoce Dios.

CANTO: Nadie nos  conoce más y mejor que Dios. Rezamos y cantamos el salmo 138: Tu me sondeas y me conoces…

VOZ 3: Hoy nos has reunido tu, María, éste es el nombre que te pusieron tus padres. En Nazaret, te conocieron por “la mujer de José” y “la madre de Jesús”. Pero tu verdadero nombre es aquel con que te saluda el Ángel: "llena de gracia”, llena de Dios, encantadora a los ojos de Yahvé.

* Llena de gracia… es la expresión del amor fiel de Dios que sustentará toda tu vida y, como fuente de agua viva, se derramará sobre la humanidad.
* Llena de gracia... es el nombre propio que Dios te dio a ti.
* Llena de gracia significa llena de Dios, llena del reino, llena de todos los preferidos de Jesús.
* Llena de gracia significa tener un corazón trabajado por Dios, que sale afuera y se convierte en anuncio gozoso de Jesús al mundo.
* María eres “llena de gracia”, porque la encarnación del Verbo... se realiza y cumple precisamente en ti... que eres “madre de Dios Hijo... la hija predilecta del Padre y el sagrario del Espíritu Santo”.

REFLEXIÓN: ¿CUÁL ES EL NOMBRE POR EL QUE DIOS TE LLAMA A TI?

Silencio breve

TESTIMONIOS VOCACIONALES: Escuchamos ahora el testimonio de algunas personas que nos comparten cómo descubrieron “su nombre”, su vocación: VIDA CONSAGRADA (se intercala el canto Enciéndeme), MATRIMONIO, SEMINARISTA (aproximadamente 5 minutos cada uno).

GESTO (según el tiempo OPCIÓN A u OPCIÓN B):

OPCIÓN A: Rezar juntos el Ave María, apoyándonos unos en otros poniendo la mano derecha sobre la persona que tenemos delante o al lado y los primeros se acercarán a la imagen de María y pondrán sus manos sobre ella, de manera que quedemos todos unidos.

OPCIÓN B: Recordemos ahora los nombres que, inspirada por Dios, ha dado la Iglesia a María. Se pueden rezar las letanías alternando lectores o bien que cada uno espontáneamente se dirija a nuestra Madre con el nombre que se dirige a ella o que más le llega y ayuda a rezar, y todos responden: Ruega por nosotros.

Santa María de la esperanza / Santa María del camino / Santa María de la luz / Madre de Dios

Virgen del silencio / Virgen de la escucha / Discípula de Cristo / Madre de la Iglesia / Madre y maestra

María, bendita entre todas las mujeres / María, dignidad de la mujer / Mujer fiel en la espera / Mujer fiel en el compromiso / Mujer fiel en el seguimiento / Mujer fiel junto a la cruz

Reina de la paz / Reina de las familias / Madre sacerdotal / Modelo de consagración a Dios / Madre de la humanidad

Oración final: María Inmaculada, llena de gracia, nos hemos reunido para alabarte, para alabar a Dios que ha hecho en ti maravillas. Enséñanos a vaciarnos de nosotros mismos, y a encontrar nuestra fuerza solo en Dios. Ayúdanos a creer, a confiar y a ponernos en las manos de Dios. Tú que te pusiste al servicio de todos, enséñanos a servir, enséñanos a amar. María, mujer de esperanza, Virgen de Adviento, que adelantaste, con tu respuesta, la llegada del Mesías: ayúdanos a mantener nuestras lámparas encendidas y a estar a la escucha, sin miedo, del nombre que Dios tiene para cada uno de nosotros.

SACERDOTE: Madre Inmaculada!
TODOS: Ruega por nosotros.

CANTO: Bendita sea tu pureza


"Dios regala a María un nombre nuevo: Llena de gracia...
¿Cuál es el nombre por el que te llama a ti?"

lunes, 31 de octubre de 2016

Orar con los santos

José de Nazaret: Enséñanos la disponibilidad a los planes de Dios Padre, aunque no los entendamos y nos despoje de nuestros proyectos.

María Magdalena: Enséñanos a amar apasionadamente al Señor Jesús y a confiar sin límites en su misericordia.

Juan Evangelista: Enséñanos a no abandonar nunca al Maestro y a permanecer a su lado hasta la cruz junto con María.

Marta de Betania: Enséñanos a confiar en Jesús como tú, para manifestarle siempre con libertad y sencillez lo que sentimos.

Pablo de Tarso: Enséñanos a ser valientes en el anuncio de la Buena Nueva, sin miedo al precio que ello suponga.

Teresa de Jesús: Enséñanos el divino arte de la amistad entrañable con Jesús, y a que nada nos turbe ni espante.

Agustín de Hipona: Enséñanos a buscar siempre la única Verdad que anhela el corazón, no buscando fuera lo que está dentro de nosotros.

Santa Mónica: Enséñanos el auténtico amor maternal: desear y anhelar para aquellos a quien se ama lo que Dios quiere de ellos.

San Juan Bosco: Enséñanos a acompañar a los niños y jóvenes con alegría y paciencia, sabiendo sacar lo mejor de ellos.

San Manuel González: Enséñanos a dejarnos eucaristizar para ser testigos de tu Presencia y a estar cerca de los abandonados de nuestro mundo.


María, guíanos en nuestro caminar hacia la santidad:

Madre, abre nuestro oído a la Palabra, 
para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.
Aviva en nosotras el deseo de seguir sus pasos,
saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.
Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.
Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor,
sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz.
Siembra en nuestros corazones el deseo de santidad.
Recuérdanos que en este camino no estamos nunca solos.
Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino.
Madre Inmaculada, tú que has hecho la voluntad del Padre,
sé nuestra intercesora para que nos dejemos llenar del Espíritu Santo
y le dejemos hacer en nuestra vida, como Tú. Amén.

lunes, 2 de mayo de 2016

Soñando con el mañana


La semilla de Nazaret, de una Congregación religiosa que conservara el carisma eucarístico reparador, estaba presente en el Beato Manuel González como sueño y profecía. A la vez, iba surgiendo la inquietud vocacional con este carisma en las jóvenes que participaban de su espiritualidad y misión. Así, el 3 de mayo de 1921, su sueño se hace realidad: nace nuestra Congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret. Un sueño realizado por puro don y gracia de Dios, que hoy cumple 95 años. ¡Feliz aniversario Nazaret!



Soñando con el mañana

1. Tú me soñaste y me diste la vida,
y me engendraste en tu corazón,
allí me forjaste valiente y decidida,
dispuesta a dar todo, al Todo por amor.

2. Tú me quisiste al lado de María,
junto a la Cruz donde se aprende Amor,
llenando surcos de tu semilla Viva,
de la que nace el más fiel y puro amor.

Levanta tu tienda y no mires atrás,
que muchos surcos esperándote están...
deja que crezca, los soles la maduren,
confía en la potencia que en la semilla va.

3. Tú me quisiste orante y misionera,
entre las manos el hilo del amor,
hasta lograr una red inmensa,
que atraiga a todos, a su barca, pescador.

4. Tú me forjaste voz que a todos llame,
a descubrir de la Eucaristía el don.
Eucaristía, de Jesús presencia viva
que construye el Reino creando comunión.

Levanta tu tienda...

5. Y me lanzaste por pueblos y ciudades,
mostrando a todos que existe un manantial:
Eucaristía, fuente que mana y corre,
porque su Amor no se agota jamás.

6. Me invitaste a luchar contra el abandono,
que es en el mundo raíz de todo mal.
Luchar sembrando amor a todas horas.
Sólo es el Bien el que siempre vencen el mal.

Levanta tu tienda...


domingo, 14 de febrero de 2016

Con el Papa Francisco en México


   "Escuchamos cómo María fue al encuentro de su prima Isabel. Sin demoras, sin dudas, sin lentitud va a acompañar a su pariente que estaba en los últimos meses de embarazo.
   El encuentro con el ángel a María no la detuvo, porque no se sintió privilegiada, ni que tenía que apartarse de la vida de los suyos. Al contrario, reavivó y puso en movimiento una actitud por la que María es y será reconocida siempre como la mujer del «sí», un sí de entrega a Dios y, en el mismo momento, un sí de entrega a sus hermanos. Es el sí que la puso en movimiento para dar lo mejor de ella yendo en camino al encuentro con los demás.
   Escuchar este pasaje evangélico y en esta casa tiene un sabor especial. María, la mujer del sí, también quiso visitar a los habitantes de estas tierras de América en la persona del indio San Juan Diego. Y así como se movió por los caminos de Judea y Galilea, de la misma manera caminó al Tepeyac, con sus ropas, usando su lengua, para servir a esta gran Nación. Y así como acompañó la gestación de Isabel, ha acompañado y acompaña la gestación de esta bendita tierra mexicana. Así como se hizo presente al pequeño Juanito, de esa misma manera se sigue haciendo presente a todos nosotros; especialmente a aquellos que como él sienten «que no valían nada» (cf. Nican Mopohua, 55). Esta elección particular, digamos preferencial, no fue en contra de nadie sino a favor de todos. El pequeño indio Juan, que se llamaba a sí mismo como «mecapal, cacaxtle, cola, ala, es decir sometido a cargo ajeno» (cf. ibíd, 55), se volvía «el embajador, muy digno de confianza».
   En aquel amanecer de diciembre de 1531 se producía el primer milagro que luego será la memoria viva de todo lo que este Santuario custodia. En ese amanecer, en ese encuentro, Dios despertó la esperanza de su hijo Juan, la esperanza de un Pueblo. En ese amanecer Dios despertó y despierta la esperanza de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados, de todos aquellos que sienten que no tienen un lugar digno en estas tierras. En ese amanecer, Dios se acercó y se acerca al corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos.
   En ese amanecer, Juancito experimenta en su propia vida lo que es la esperanza, lo que es la misericordia de Dios. Él es elegido para supervisar, cuidar, custodiar e impulsar la construcción de este Santuario. En repetidas ocasiones le dijo a la Virgen que él no era la persona adecuada, al contrario, si quería llevar adelante esa obra tenía que elegir a otros ya que él no era ilustrado, letrado o perteneciente al grupo de los que podrían hacerlo. María, empecinada —con el empecinamiento que nace del corazón misericordioso del Padre— le dice: no, que él sería su embajador.
   Así logra despertar algo que él no sabía expresar, una verdadera bandera de amor y de justicia: en la construcción de ese otro santuario, el de la vida, el de nuestras comunidades, sociedades y culturas, nadie puede quedar afuera. Todos somos necesarios, especialmente aquellos que normalmente no cuentan por no estar a la «altura de las circunstancias» o por no «aportar el capital necesario» para la construcción de las mismas. El Santuario de Dios es la vida de sus hijos, de todos y en todas sus condiciones, especialmente de los jóvenes sin futuro expuestos a un sinfín de situaciones dolorosas, riesgosas, y la de los ancianos sin reconocimiento, olvidados en tantos rincones. El santuario de Dios son nuestras familias que necesitan de los mínimos necesarios para poder construirse y levantarse. El Santuario de Dios es el rostro de tantos que salen a nuestros caminos.
   Al venir a este Santuario nos puede pasar lo mismo que le pasó a Juan Diego. Mirar a la Madre desde nuestros dolores, miedos, desesperaciones, tristezas y decirle: Madre, «¿Qué puedo aportar yo si no soy un letrado?». Miramos a la madre con ojos que dicen: son tantas las situaciones que nos quitan la fuerza, que hacen sentir que no hay espacio para la esperanza, para el cambio, para la transformación.
   Por eso creo que hoy nos va a servir un poco de silencio. Mirarla a ella, mirarla mucho y calmadamente, y decirle como hizo aquel otro hijo que la quería mucho:
«Mirarte simplemente, Madre,
dejar abierta sólo la mirada;
mirarte toda sin decirte nada,
decirte todo, mudo y reverente.
No perturbar el viento de tu frente;
sólo acunar mi soledad violada,
en tus ojos de Madre enamorada
y en tu nido de tierra transparente.
Las horas se desploman; sacudidos,
muerden los hombres necios la basura
de la vida y de la muerte, con sus ruidos.
Mirarte, Madre; contemplarte apenas,
el corazón callado en tu ternura,
en tu casto silencio de azucenas».
(Himno litúrgico)
   Y en silencio y, en este estar mirándola, escuchar una vez más que nos vuelve a decir: «¿Qué hay hijo mío el más pequeño?, ¿Qué entristece tu corazón?» (cf. Nican Mopohua, 107.118). «¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre?» (ibíd., 119).
   Ella nos dice que tiene el «honor» de ser nuestra madre. Eso nos da la certeza de que las lágrimas de los que sufren no son estériles. Son una oración silenciosa que sube hasta el cielo y que en María encuentra siempre lugar en su manto. En ella y con ella, Dios se hace hermano y compañero de camino, carga con nosotros las cruces para no quedar aplastados por nuestros dolores.
   ¿Acaso no soy yo tu madre? ¿No estoy aquí? No te dejes vencer por tus dolores, tristezas, nos dice. Hoy nuevamente nos vuelve a enviar; como a Juanito, hoy nuevamente nos vuelve a decir, sé mi embajador, sé mi enviado a construir tantos y nuevos santuarios, acompañar tantas vidas, consolar tantas lágrimas. Tan sólo camina por los caminos de tu vecindario, de tu comunidad, de tu parroquia como mi embajador, mi embajadora; levanta santuarios compartiendo la alegría de saber que no estamos solos, que ella va con nosotros. Sé mi embajador, nos dice, dando de comer al hambriento, de beber al sediento, da lugar al necesitado, viste al desnudo y visita al enfermo. Socorre al que está preso, no lo dejes solo, perdona al que te lastimó, consuela al que está triste, ten paciencia con los demás y, especialmente, pide y ruega a nuestro Dios.
   Y en silencio le decimos lo que nos venga al corazón ¿Acaso no soy yo tu madre? ¿Acaso no estoy yo aquí?, nos vuelve a decir María. Anda a construir mi santuario, ayúdame a levantar la vida de mis hijos, que son tus hermanos.
Papa Francisco
(Homilía en la Misa de la Basílica de Guadalupe, 13 febrero 2016)


lunes, 1 de febrero de 2016

¡Gracias por el regalo de la vida consagrada!


Señor:
- Gracias por haber pasado a nuestro lado y habernos llamado por nuestro nombre a seguirte en la vida consagrada.
- Gracias por estar siempre con nosotras: en las alegrías y en las penas, en las tribulaciones y en las esperanzas.
- Gracias porque más allá de nuestras infidelidades sigues amándonos y confiando en nosotras.
- Gracias por renovarnos la llamada a ser felices en tu seguimiento.
- ¡Gracias!

María, Madre de la Iglesia y de los consagrados:
- Con tu ayuda y protección mantén el ritmo de nuestra esperanza y el fuego de nuestra pasión.
- Ven con nosotras al caminar, sé nuestra compañera de camino, como Madre y Maestra, y alcánzanos del Señor la capacidad de salir de nosotras mismas para ir al encuentro de los demás, como tú fuiste al encuentro de tu prima Isabel.
- Enséñanos a decir como tú "aquí estoy", cuando nos sentimos felices y cuando la luz ya no brilla, a decir "amén" ahora y en la hora de nuestra muerte... Fiat, amén.

¡En camino!

"Nuestra ‪vida consagrada‬ tiene sentido porque permanecer con Él 
e ir con Él por los caminos del mundo llevándolo, nos conforma a Él, 
nos hace ser Iglesia, don para la humanidad" 
Papa Francisco, 1-2-2016

martes, 13 de octubre de 2015

Quisiera...


Quisiera que mi «Sí», María,
sea tan sencillo como el tuyo.
Quisiera que mi «Sí»
no me ponga en el centro,
sino al servicio.
Quisiera que mi «Sí»,
como el tuyo,
sea una entrega en silencio.
Quisiera que mi vida,
como la tuya,
sea «Eucaristía»...


miércoles, 31 de diciembre de 2014

Jornada Mundial por la Paz

   "Al comienzo de un nuevo año, que recibimos como una gracia y un don de Dios a la humanidad, deseo dirigir a cada hombre y mujer, así como a los pueblos y naciones del mundo, a los jefes de Estado y de Gobierno, y a los líderes de las diferentes religiones, mis mejores deseos de paz, que acompaño con mis oraciones por el fin de las guerras, los conflictos y los muchos sufrimientos causados por el hombre o por antiguas y nuevas epidemias, así como por los devastadores efectos de los desastres naturales. Rezo de modo especial para que, respondiendo a nuestra común vocación de colaborar con Dios y con todos los hombres de buena voluntad en la promoción de la concordia y la paz en el mundo, resistamos a la tentación de comportarnos de un modo indigno de nuestra humanidad (...)
   Sabemos que Dios nos pedirá a cada uno de nosotros: ¿Qué has hecho con tu hermano? (cf. Gn 4,9-10). La globalización de la indiferencia, que ahora afecta a la vida de tantos hermanos y hermanas, nos pide que seamos artífices de una globalización de la solidaridad y de la fraternidad, que les dé esperanza y los haga reanudar con ánimo el camino, a través de los problemas de nuestro tiempo y las nuevas perspectivas que trae consigo, y que Dios pone en nuestras manos".


¡Que Santa María Madre de Dios nos bendiga y acompañe en este nuevo año,
y nos enseñe a ser portadores y constructores de PAZ en lo cotidiano! 

Imagen de la Virgen María - Capilla Nazaret de Tenerife


jueves, 13 de noviembre de 2014

miércoles, 29 de octubre de 2014

Postulantado Nazaret Quito


TÚ MI RAÍZ (Ixcis)

Arraigado en Ti, Señor,
con mis raíces en Ti,
como el árbol junto a las aguas
quiero vivir.

Arraigado en Ti, Señor,
entregado a Ti,
como sal y luz en la tierra
unido siempre a Ti.

Tú, mi raíz, mi fuente de amor.
Tú, mi cimiento, mi roca, mi Dios,
Tú, mi Señor. (2) Tú, mi Señor.

Edificado en Ti, Señor, yo confiaré.
Cada día Tú me sostienes firme en la fe.
Edificado en Ti, Señor, en las tormentas nada temeré.
Los fracasos y los problemas no harán temblar mis pies.

¡Bienvenidas a Nazaret!

domingo, 28 de septiembre de 2014

Por las familias

Sagrada Familia - "Villa Nazaret" (Málaga)
Oración a la Santa Familia por el Sínodo

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,
que el próximo Sínodo de los Obispos
haga tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.

Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica. Amén.

Papa Francisco


sábado, 20 de septiembre de 2014

Aquí estoy (canción)


Llega el momento de seguir, de orientar mi vida, de elegir.
El momento de dejar atrás mis caminos para entrar por los tuyos.
Surgen las dudas, ¿qué me pides?, ¿a qué me llamas?, ¿cómo estar seguro?,
¿seré capaz?, ¿cómo comprometerme sin tener claro cada paso del camino?

Para Ti es mi música, Señor
Aquí estoy como Pablo camino de Damasco,
"Señor, ¿qué quieres que haga?"
Como Samuel en la noche, "Habla que te escucho".
Como María, "He aquí tu esclava, que se haga según tu palabra".

No sé si te busco o me busco,
si te miro o si me miro,
si busco tu voluntad o la mía, si estoy disponible para Ti.
Quisiera salir de esta confusión, escucharte y responder a lo que me pides,
dejar todo para seguirte en libertad, dejar mis miedos, fiarme de Ti.

Letra y música: Hna Mª Dolores Gámiz,
Misionera Eucarística de Nazaret


viernes, 12 de septiembre de 2014

Acompañando la alegría de decir SÍ


Somos llamadas a amar en libertad.
Somos llamadas a esperar contra toda esperanza.
Somos llamadas a creer, dejándonos guiar por el Espíritu.
Por eso decimos SÍ en castidad, pobreza y obediencia. Y lo hacemos como Jesús Eucaristía, desde el silencio y la entrega total de nuestra vida en la misión donde Él nos "siembre" y todo a ejemplo de María Inmaculada.

Damos gracias a Dios, por el SÍ de nuestras hermanas Ana María Cayuso y María Daniela Zavala, te invitamos a que nos acompañes con tu presencia y tu oración. La cita es el 28 de septiembre en Málaga.


sábado, 19 de abril de 2014

SÁBADO SANTO: Compañía de imitación


    Madre Inmaculada Dolorosa: Enséñame a hacer silencio interior, a contemplar a tu Hijo y a imitarlo en su vida entregada. Que cuanto haga sea por, para y como tu Jesús; ¡amor por Amor!


"Madre Inmaculada, contempladora, admiradora e imitadora 
del proceder de tu Jesús, 
¡introdúceme en ese misterio de amor!" 
Beato Manuel González

viernes, 18 de abril de 2014

VIERNES SANTO: Compañía de compasión

"Me amó y se entregó por mí"


    Señor: yo quiero "estar" al pie de la cruz. Como María, como Juan. Déjame que te acompañe, como sea y donde sea. Enséñame a reconocer tu cruz en todas las personas que llevan la cruz sobre sus hombros: pobres, enfermos, tristes, abandonados. Quiero sentir como tú sientes, amar como tú amas. Dame fuerza, Señor, para acompañarte, para permanecer fiel junto a tus Sagrarios-Calvarios. Amén.


    "Corazón de Jesús, concédeme que la razón de cuanto yo haga o padezca, reciba o dé, sea esta: porque tú me amas, porque te amo" (Beato Manuel González)


sábado, 7 de diciembre de 2013

Segunda semana de Adviento

     Señor Jesús, la promesa ya se cumple. La salvación está a nuestras puertas y ante esto surge en nosotros un sentimiento de gratitud hacia una mujer humilde y de gran fe, María. Ella dijo SÍ y Tú, Señor, te encarnaste y te quedaste con nosotros.
     Por eso, al encender esta segunda vela, en el día de la Inmaculada, queremos pedirte por su intercesión que se avive en nosotros la COMPAÑÍA DE CONFIANZA, para decirte Sí y esperarte con el corazón lleno de gozo como lo hizo María.
Te amamos y te esperamos. ¡Ven Señor Jesús!


viernes, 29 de noviembre de 2013

María, Madre de nuestra fe



 ¡Madre, ayuda nuestra fe! 
     Abre nuestro oído a la Palabra para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada. Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa. Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe. Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar. Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado. Recuérdanos que quien cree nunca está solo. Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino. 
     Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor. 

(Encíclica Lumen fidei, 60)