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viernes, 8 de diciembre de 2017

Madre Inmaculada...

Madre Inmaculada, queremos aprender de ti a esperar a Jesús.
Queremos caminar contigo y como tú hacia el encuentro con Él.
Ayúdanos a disponernos para celebrar su venida,
Tú eres la estrella que nos guía hacia Él.
Ayúdanos, María, a reavivar el fuego de nuestra esperanza
en este tiempo de Adviento, para que sepamos acoger la Luz del mundo
y nos convirtamos en antorchas que iluminan la oscuridad de nuestro mundo.

Necesitamos tu mirada inmaculada,
para recuperar la capacidad de mirar a las personas y cosas
con respeto y reconocimiento
sin intereses egoístas o hipocresías.

Necesitamos de tu corazón inmaculado,
para amar en modo gratuito
sin segundos fines, sino buscando el bien del otro,
con sencillez y sinceridad, renunciando a máscaras y maquillajes.

Necesitamos tus manos inmaculadas,
para acariciar con ternura,
para tocar la carne de Jesús
en los hermanos pobres, abandonados, enfermos,
para levantar a los que se han caído y sostener a quien vacila.

Necesitamos de tus pies inmaculados,
para ir al encuentro de quienes no saben dar el primer paso,
para caminar por los senderos de quien se ha perdido,
para ir a encontrar a las personas solas.

Te agradecemos, oh Madre, porque al mostrarte a nosotros libre de toda mancha de pecado,
nos recuerdas que ante todo está la gracia de Dios,
está el amor de Jesucristo que dio su vida por nosotros,
está la fortaleza del Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas.
Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra. Ruega por nosotros.


Madre Inmaculada, la gran intercesora, ayer en el Evangelio, hoy en el Sagrario y siempre en la eternidad, enséñanos a decir con generosidad, firmeza y paz, en todo y siempre, tu respuesta al ángel: “Hágase en mí según tu palabra”.

Tú que conservaste en tu corazón las palabras que oías de Jesús y que acogiste con profundo amor el sueño de Dios para tu vida, intercede por nosotros para que redescubramos que la felicidad que anhelamos y que tenemos derecho a saborear tiene un nombre, un rostro, el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Amén.

martes, 14 de marzo de 2017

Encontrar a Jesús en lo más sencillo

Jennifer (primera de la derecha) junto a otras hermanas
a punto de embarcar para Roma para asistir
a la canonización de D. Manuel.
¡Hola! Me llamo Jennifer Montero y soy de Guayaquil, Ecuador. Soy novicia de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, y actualmente estoy realizando el noviciado en Santa Fe, Argentina. Soy de una familia católica, pero de los que participan en los sacramentos más bien por tradición; mi familia asiste a Misa si hay algún funeral o a la Misa de Navidad. De pequeña recibí los sacramentos porque mis padres son católicos y así lo quisieron. Pero cuando recibí la Confirmación me di cuenta de que no estábamos siendo coherentes.
Entonces quise tomarme mi vida de cristiana más en serio y me planteé la posibilidad de pertenecer a algún grupo juvenil. Conocí a don Manuel a través de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, con las que entré en contacto por medio de una amiga que había participado en una convivencia con ellas. En aquel tiempo yo sentía que tenía una misión en la vida, porque en realidad todo el mundo viene con una misión, y tenemos que descubrirla.

¡A descubrir mi misión!
Además, a mí siempre me habían llamado la atención las religiosas, así me pareció buena idea acercarme a ellas. Fui a su casa y las conocí y me invitaron a una pequeña misión, en un pueblito cerca de Guayaquil, con motivo del 4 de marzo. Yo, muy decidida, me apunté en seguida, sin saber bien de qué iba eso… Y así empecé un poco a conocer el carisma.

Una convivencia vocacional
Después de esto, las hermanas me llamaron para una convivencia vocacional y allí vi claro que tenía que hacer un discernimiento porque había cierta inquietud en mi interior. Durante ese proceso fui conociendo más en profundidad la espiritualidad y el carisma de la Obra que había fundado don Manuel. Recuerdo que me dieron una estampita de don Manuel en la que decía algo así como: “qué feliz sería si yo lograra hacer caer en la cuenta a todos lo grandiosa que es la Eucaristía”. Esa frase me impactó mucho, porque yo era de las que comulgaba pero no con demasiada frecuencia, los domingos y poco más. Y eso me hizo pensar. A partir de ahí fui acercándome más a Jesús Eucaristía: empecé a frecuentar la capilla de mi colegio, en la hora del recreo, para ir a rezar y hacer la visita a Jesús y, poco a poco, Jesús Eucaristía me fue fascinando cada vez más.

Conocer más a don Manuel
Me ayudó mucho leer el libro de don Manuel “Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario”, que por cierto, es mi libro favorito. Y también su biografía, “El Obispo del Sagrario abandonado”. ¡Me impactó tanto! Me di cuenta de que realmente don Manuel era un hombre enamorado de Jesús, vivo en la Eucaristía. Él nos cuenta su profunda experiencia, pero a la vez es tan sencillo, tan cercano, que me hizo descubrir que eso nos puede pasar a cualquiera, también a ti y a mí. En lo más sencillo él encontró a Jesús. ¡Eso es increíble! Desde entonces le tengo un cariño muy especial. Otro libro que me ha ayudado mucho, sobre todo en el apostolado cuando doy catequesis a los niños de primera Comunión, ha sido “Cartilla del catequista cabal”. Me encanta la experiencia de san Manuel como catequista, porque ¡es tan cierto todo lo que cuenta! Además nos explica cómo hacer, nos ayuda a encontrar la solución para que nuestros apostolados sean al estilo del de Jesús.

¡La canonización!
Poder participar en la canonización de don Manuel ha sido algo muy emocionante. Para empezar, yo nunca he estado en una ceremonia así y, encima, que sea la de don Manuel, ¡uf, es algo increíble! Es ese hombre del que he leído, al que le tengo tanto cariño… ese que para mí ya era un santo, ahora la Iglesia lo declara santo públicamente. Me siento muy orgullosa de ser parte de su obra, de su familia. Para mí no es un santo más, es nuestro padre. Creo que ha sido una gracia muy grande que me ha concedido él, y sobre todo Dios. Siento que don Manuel ha intercedido para que yo pudiera participar de este evento tan importante para toda la familia eucarística. Ha sido y sigue siendo un tiempo de gracia que, sin duda, dará mucho fruto.

(Publicado en Revista RIE, marzo 2017)

jueves, 2 de febrero de 2017

Mi primer Sagrario abandonado

   "Fuime derecho al Sagrario de la restaurada iglesia en busca de alas a mis casi caídos entusiasmos, y... ¡qué Sagrario!
   Un ventanuco como de un palmo cuadrado, con más telarañas que cristales, dejaba entrar trabajosamente la luz de la calle con cuyo auxilio pude distinguir un azul tétrico de añil, que cubría las paredes; dos velas que lo mismo podían ser de sebo que de tierra o de las dos cosas juntas; unos manteles con encajes de jirones y quemaduras y adornos de goterones negros; una lámpara mugrienta goteando aceite sobre unas baldosas pringosas; algunas más colgaduras de telarañas, ¡qué Sagrario, Dios mío! ¡Y qué esfuerzos tuvieron que hacer allí mi fe y mi valor para no volver a tomar el burro del sacristán, que aún estaba amarrado a los aldabones de la puerta de la iglesia, y salir corriendo para mi casa!
   Pero no huí. Allí me quedé un rato largo y allí encontré mi plan de misión y alientos para llevarlo a cabo. Pero sobre todo encontré...
   Allí, de rodillas ante aquel montón de harapos y suciedades, mi fe veía a través de aquella puertecilla apolillada, a un Jesús tan callado, tan paciente, tan desairado, tan bueno, que me miraba...   Sí, parecíame que después de recorrer con su vista aquel desierto de almas, posaba su mirada entre triste y suplicante, que me decía mucho y me pedía más. Que me hacía llorar y guardar al mismo tiempo las lágrimas para no afligirlo más. Una mirada en la que se reflejaban unas ganas infinitas de querer y una angustia infinita también, por no encontrar quien quisiera ser querido...
   De mí sé deciros que aquella tarde, en aquel rato de Sagrario, entreví para mi sacerdocio una ocupación en la que antes no había ni soñado y para mis entusiasmos otra poesía que antes me era desconocida.
   Ser cura de un pueblo que no quisiera a Jesucristo, para quererlo yo por todo el pueblo. Emplear mi sacerdocio en cuidar a Jesucristo en las necesidades que su vida de Sagrario le ha creado. Alimentarlo con mi amor. Calentarlo con mi presencia. Entretenerlo con mi conversación. Defenderlo contra el abandono y la ingratitud. Proporcionar desahogos a su Corazón con mis santos Sacrificios. Servirle de pies para llevarlo a donde lo desean. De manos para dar limosna en su nombre aun a los que no lo quieren. De boca para hablar de Él y consolar por Él y gritar a favor de Él cuando se empeñen en no oírlo... hasta que lo oigan y lo sigan... ¡Qué hermoso sacerdocio!
   Al poema pastoril en mis ensueños apostólicos del seminario, había sucedido de pronto la visión de una tragedia.
   Sobre aquel cuadro todo luz, todo expansión, todo alegría de los pueblos que yo creía cristianos y que por tanto tiempo había embelesado mi alma, acababa de caer una mancha roja, como de sangre, que quitaba toda la alegría del cuadro y apagaba toda la luz.
   ¡La sangre que al Corazón más bueno de todos los buenos corazones de padres, le está haciendo brotar la herida del abandono más cruel y brutal de todos los malos hijos! ¡Ay! abandono del Sagrario, ¡cómo te quedaste pegado a mi alma!
   ¡Ay!, ¡qué claro me hiciste ver todo el mal que de ahí salía y todo el bien que por él dejaba de recibirse! ¡Ay!, ¡qué bien me diste a entender la definición de mi sacerdocio haciéndome ver que un sacerdote no es ni más ni menos que un hombre elegido y consagrado por Dios para pelear contra el abandono del Sagrario!"

San Manuel González
2 de febrero de 1902

Imagen del corto "Sagrario, hogar de abandonados"

martes, 18 de octubre de 2016

Apóstol de la Eucaristía (canción)

Apóstol de la Eucaristía

La santidad es el adorno de tu casa,
Dios ha mirado la pobreza de tu barro.
Tu humilde corazón acoge como un don
la abundancia de su Amor.

PARA LA GLORIA DE DIOS,
COMO UN RAYO DE SOL,
HOY RESPLANDECE EN LA IGLESIA
LA SANTIDAD DE UN BUEN PASTOR.

En el silencio de tu vida encontraste
una mirada que acalló todos tus miedos.
Jesús que te impulsó, que te pedía algo más,
un plus de amor reparador.

APÓSTOL DE UNA MISIÓN,
LA EUCARISTÍA ES EL DON
QUE SE PROPAGA COMO FUEGO
CENTUPLICADO POR AMOR.

Para el camino de tus pasos descubriste,
la providencia que salió siempre a tu encuentro.
Sin nada que repartir, a pobres sacias de pan,
y aún te sobra para más.

PARA LA GLORIA DE DIOS,
COMO UN RAYO DE SOL,
HOY RESPLANDECE EN LA IGLESIA
LA SANTIDAD DE UN BUEN PASTOR.

Una limosna para el Pobre de los pobres,
quieres de todos los que acuden a tu mesa.
Una respuesta de amor, a quien se da por Amor
y se comparte en comunión.

APÓSTOL DE UNA MISIÓN,
LA EUCARISTÍA ES EL DON
QUE SE PROPAGA COMO FUEGO
CENTUPLICADO POR AMOR.

Tu sueño de pastor marcó el nuevo destino,
el Evangelio eucarístico andando.
Proyecto del Amor, según su Corazón,
pastores para la misión.

PARA LA GLORIA DE DIOS,
COMO UN RAYO DE SOL,
HOY RESPLANDECE EN LA IGLESIA
LA SANTIDAD DE UN BUEN PASTOR.

Como una fuente inagotable surgen obras,
que con tu frágil barro Dios va escribiendo.
Manuel González, tú, con tu fidelidad,
das siempre cauce a su bondad.

APÓSTOL DE UNA MISIÓN,
LA EUCARISTÍA ES EL DON
QUE SE PROPAGA COMO FUEGO
CENTUPLICADO POR AMOR.



martes, 11 de octubre de 2016

Una vida eucarística y eucaristizadora

   Urge la necesidad de dejarse encontrar personalmente por el Amor, que siempre tiene la iniciativa, para ayudar a los hombres a experimentar la Buena Noticia del encuentro con Jesucristo, de una manera especial en la Eucaristía.
   Don Manuel tuvo ese encuentro profundo, sintió una nueva llamada, descubrió una "ocupación en la que antes no había soñado".
   «Fuíme derecho al Sagrario de la restaurada iglesia en busca de alas a mis casi caídos entusiasmos, y... ¡qué Sagrario!  Pero no huí. Allí me quedé un rato largo y allí encontré mi plan de misión y alientos para llevarlo al cabo. Pero sobre todo encontré... Allí, de rodillas…, mi fe veía a través de aquella puertecilla apolillada, a un Jesús tan callado, tan paciente, tan desairado, tan bueno, que me miraba... Sí, parecíame que después de recorrer con su vista aquel desierto de almas, posaba su mirada entre triste y suplicante, que me decía mucho y me pedía más. Que me hacía llorar y guardar al mismo tiempo las lágrimas para no afligirlo más. Una mirada en la que se reflejaban unas ganas infinitas de querer y una angustia infinita también, por no encontrar quien quisiera ser querido... Una mirada en la que se reflejaba todo lo triste del Evangelio: lo triste del no había para ellos posada en Belén. Lo triste de aquellas palabras del Maestro: Y vosotros, ¿también queréis dejarme? Lo triste del mendigo Lázaro pidiendo las migajas sobrantes de la mesa del Epulón. Lo triste de la traición de Judas, de la negación de Pedro, de la bofetada del soldado, de los salivazos del pretorio, del abandono de todos...
   Yo no sé que nuestra religión tenga un estímulo más poderoso de gratitud, un principio más eficaz de amor, un móvil más fuerte de acción, que un rato de oración ante un Sagrario abandonado.
   De mi sé deciros que aquella tarde, en aquel rato de Sagrario, yo entreví para mi sacerdocio una ocupación en la que antes no había soñado.
   Servirle de pies para llevarlo a donde lo deseen, de manos para dar limosna en su nombre, aún a los que no lo quieren, de boca para hablar de Él y consolar por Él y gritar a favor de Él cuando se empeñen en no oírlo…hasta que lo oigan y lo sigan… ¡Que hermoso sacerdocio!» (Aunque todos… yo no, en OO.CC. II, nn- 15-17).
   El Papa Francisco, nos invita a renovar el encuentro personal con Jesucristo, a dejarnos encontrar por Él, como lo hizo nuestro Padre.
   Sólo gracias a ese encuentro –o reencuentro– con el amor de Dios, que se convierte en feliz amistad, llegamos a ser plenamente humanos. Cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero. Porque, si alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida, ¿cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros? (cfr. Evangelii gaudium 8).


sábado, 8 de octubre de 2016

Modelo de fe eucarística

   El 29 de abril del año 2001 el papa Juan Pablo II declaraba Beato a Manuel González García y lo presentaba a la Iglesia como "Modelo de fe eucarística".
   El Cardenal Ángelo Amato, ha dicho sobre él: «Las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad, son diamantes que adornan siempre la vestimenta preciosa de los hijos de la iglesia. La caridad, por tanto, nunca tendrá fin. El beato Manuel González sigue siendo un modelo extraordinario de fe: Sobre todo por su amor a la Eucaristía Pan de vida y fuente de Santidad. Él era un sacerdote y un Obispo con el corazón misericordioso como Jesús el Buen Pastor».
   En la canonización de Santa María Micaela del Santísimo Sacramento don Manuel exclamaba: «¡Un Santo más, es decir, la Iglesia sigue produciendo Santos! ¡España sigue dando santos a la Iglesia de la Tierra y del Cielo!... ¡Un Santo más! ¡Una religión y una Patria que produce Santos son instituciones vivas, pletóricas de vida!» (En busca del Escondido, en OO.CC. II, n. 2943).
   Hoy, haciendo eco sus palabras podemos decir también: ¡Un Santo más!, ¡un amigo de Dios!, ¡un compañero de camino! Sí, don Manuel es una llamada que convoca, lo que fascina es la transparencia con la cual brillan en él los verdaderos valores, que todo corazón anhela.
   Con su respuesta fiel y generosa nos ofrece un testimonio de vida realizada en plenitud y nos propone un camino, que él recibió como don: dejarnos eucaristizar para vivir eucaristizando. Esta es la herencia que nos ha dado y que revela la fuerza incontenible del amor eucarístico.



viernes, 7 de octubre de 2016

Como Don Manuel



COMO DON MANUEL 

Buscó Jesús quien lo consolara, pero a nadie encontró.
Quiso derramar su amor, pero nadie le escuchó,
pensó Don Manuel junto a aquel Sagrario lleno de harapos y suciedad,
ya nunca más pudo olvidarlo. No te abandonaré jamás.    

Te querré por quien no te  quiere, te alimentaré con mi amor,
te acompañaré con mi presencia, responderé a tu Amor con mi amor.  

En la Eucaristía y en el hombre nos sigue gritando Jesús,
como Don Manuel respondamos, “cuenta conmigo, Señor”.
Para que ni Sagrarios ni  hombres, sigan faltos de tu amor
a nosotros nos pusiste, haznos fieles a esta vocación.

Te querré por quien no te quiere, te alimentaré con mi amor,
te acompañaré con mi presencia, responderé a tu Amor con mi amor.  


"...te acompañaré con mi presencia,
responderé a tu Amor con mi amor" 

"Como Don Manuel". Voces: Lola Gámiz y David Rodríguez. 
Arreglos: David Rodríguez. Autora: Lola Gámiz

viernes, 6 de mayo de 2016

Para mí... la vida es Cristo



   Cristo es vida para todos. Es amor, presencia, encuentro, amistad, consuelo, confianza, comunión, alimento. Es Eucaristía... Sí, la Eucaristía: es Alguien que te conoce, te habla y te escucha, te mira y te espera, te abraza y te conforta, te acompaña y se entrega. Te invita a soñar… ¿y tú sueñas? Dios tiene un sueño con el hombre… Sueña contigo.

   ¿Quieres conocer un sueño hecho realidad?
Un hombre: Manuel González García. Una misión. Un impacto. Un amor a primera vista. Un impulso. Una mirada. Un cambio. Un encuentro. La sorpresa de un carisma. El sello de Dios. Un pueblo. Una Iglesia vacía. Un sagrario solo, abandonado. Pero Jesús estaba allí. Quería realizar su sueño y encontró un corazón disponible que lo anunciase.
Manuel, fascinado por su mirada, descubrió un amor que se dona hasta el extremo. Desde ahora su vida tendrá solo un objetivo: "Eucaristizar", volver a un pueblo loco de amor por el Corazón Eucarístico de Jesús. Descubrir a Jesús vivo y abandonado en la Eucaristía le llevó a descubrirlo en los hermanos. Y llegaron las obras... todo desde la Eucaristía. Hasta aquí su experiencia.

   También para nosotras la vida es Cristo. Presencia que transforma.
 
   Y tú... ¿qué sueñas?, ¿qué esperas?
   Cristo sueña contigo...  ¿cuál es tu respuesta?



lunes, 2 de mayo de 2016

Soñando con el mañana


La semilla de Nazaret, de una Congregación religiosa que conservara el carisma eucarístico reparador, estaba presente en el Beato Manuel González como sueño y profecía. A la vez, iba surgiendo la inquietud vocacional con este carisma en las jóvenes que participaban de su espiritualidad y misión. Así, el 3 de mayo de 1921, su sueño se hace realidad: nace nuestra Congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret. Un sueño realizado por puro don y gracia de Dios, que hoy cumple 95 años. ¡Feliz aniversario Nazaret!



Soñando con el mañana

1. Tú me soñaste y me diste la vida,
y me engendraste en tu corazón,
allí me forjaste valiente y decidida,
dispuesta a dar todo, al Todo por amor.

2. Tú me quisiste al lado de María,
junto a la Cruz donde se aprende Amor,
llenando surcos de tu semilla Viva,
de la que nace el más fiel y puro amor.

Levanta tu tienda y no mires atrás,
que muchos surcos esperándote están...
deja que crezca, los soles la maduren,
confía en la potencia que en la semilla va.

3. Tú me quisiste orante y misionera,
entre las manos el hilo del amor,
hasta lograr una red inmensa,
que atraiga a todos, a su barca, pescador.

4. Tú me forjaste voz que a todos llame,
a descubrir de la Eucaristía el don.
Eucaristía, de Jesús presencia viva
que construye el Reino creando comunión.

Levanta tu tienda...

5. Y me lanzaste por pueblos y ciudades,
mostrando a todos que existe un manantial:
Eucaristía, fuente que mana y corre,
porque su Amor no se agota jamás.

6. Me invitaste a luchar contra el abandono,
que es en el mundo raíz de todo mal.
Luchar sembrando amor a todas horas.
Sólo es el Bien el que siempre vencen el mal.

Levanta tu tienda...


miércoles, 30 de diciembre de 2015

Verbum Panis



Antes del tiempo,
mucho antes que la tierra
comenzase a existir,
el Verbo estaba junto a Dios.
Vino a este mundo
para no abandonarnos
en el viaje nos dejó
su Cuerpo hecho Pan de Vida.

Verbum caro factum est
Verbum panis factum est (2)

Tú sigues repartiéndonos tu Pan
y quien coma de este pan
no tendrá más hambre.
Tú sigues habitándonos, Señor,
en tu Iglesia vives hoy,
esta es nuestra casa.

Verbum caro factum est...
Verbum Panis

Antes del tiempo,
cuando el universo fue creado
de la oscuridad,
el Verbo estaba junto a Dios.
Vino a este mundo,
en su gran misericordia
la Palabra se encarnó:
su Hijo hecho Pan de Vida.

Verbum caro factum est...

Tú sigues repartiéndonos tu Pan...

Verbum caro factum est...

(Mite Balduzzi)

domingo, 6 de diciembre de 2015

Celebrar la Eucaristía es vivir la misericordia de Dios


   "Haced esto en memoria mía". ¿Qué hizo Jesús? Esta era la pregunta de los discípulos. Lo que hizo Jesús fue hacer el bien, porque era bueno. San Pedro así lo descubrió después de contemplar mucho la vida del Señor: "Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos" (Hch 10,38). Y el evangelista Marcos dice: "Todo lo ha hecho bien" (7,37).
   Entonces, hacer lo mismo que Jesús hizo consistía en ser buenos de raíz, parecerse al Padre: "Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso" (Lc 6,36). Lo que había hecho Jesús había sido amar hasta el final, expresar el cariño del Padre hacia los hermanos hasta arriesgar su vida para que los demás tuvieran vida y la tuvieran en abundancia: "Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Jn 13,1).
Hacer como Jesús es vivir la vida con un proyecto que tiene como eje la entrega desde la raíz del mismo principio vital: "cuerpo entregado y sangre derramada". Tener entrañas de misericordia es unirse en el amor con el hermano hasta reaccionar desde su piel. Es salir de sí para encontrarse con el otro en el amor.
   Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: "La Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres. Para recibir en la verdad del Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos (cf. Mt 25,40): "Has gustado la sangre del Señor y no reconoces a tu hermano (...) Deshonras esta mesa, no juzgando digno de compartir tu alimento al que ha sido juzgado digno de participar en esta mesa. Dios te la liberado de todos los pecados y te ha invitado a ella. Y tú, aún así, no te has hecho más misericordioso (S. Juan Crisóstomo)" (n. 1397).
Benedicto XVI, en la exhortación apostólica Sacramentum Caritatis, dice: "En la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana" (n. 88).
   Asimismo, el Papa Francisco, en una de sus catequesis, reflexionó e hizo algunas preguntas sobre la relación entre la Eucaristía que celebramos y nuestra vida: "Hay señales muy concretas para comprender cómo vivimos todo esto. Cómo vivimos la Eucaristía. Señales que nos dicen si vivimos bien la Eucaristía o si no la vivimos tan bien. La primera pista es nuestra manera de ver y considerar a los otros. En la Eucaristía, Cristo siempre lleva a cabo nuevamente el don de sí mismo que ha realizado en la Cruz. Toda su vida es un acto de total entrega de sí mismo por amor; por eso Él amaba estar con sus discípulos y con las personas que tenía ocasión de conocer. Esto significaba para Él compartir sus deseos, sus problemas, lo que agitaba sus almas y sus vidas. Ahora, cuando participamos en la Santa Misa, nos encontramos con hombres y mujeres de todas las clases: jóvenes, ancianos, niños; pobres y acomodados; originarios del lugar y forasteros; acompañados por sus familiares y solos... Todos vamos a Misa porque amamos a Jesús y queremos compartir su pasión y su resurrección en la Eucaristía" (12/2/2014)

martes, 17 de noviembre de 2015

"Ti seguirò..." (Nazaret de Roma)

Misa de acción de gracias en el Nazaret de Roma, con motivo de la Profesión Perpetua de Hna. Silvana Mª. Sábado 14 de noviembre de 2015.

"Dio, per pura grazia, ci attrae per unirci a Sé" (Evangelii gaudium, 112)


Ti seguirò 
(Marco Frisina)

Ti seguirò, ti seguirò o Signore
e nella tua strada camminerò.

Ti seguirò nella via dell'amore
e donerò al mondo la vita.

Ti seguirò nella via del dolore
e la tua Croce ci salverá.

Ti seguirò nella via della gioia
e la tua luce ci guiderá.


martes, 13 de octubre de 2015

Quisiera...


Quisiera que mi «Sí», María,
sea tan sencillo como el tuyo.
Quisiera que mi «Sí»
no me ponga en el centro,
sino al servicio.
Quisiera que mi «Sí»,
como el tuyo,
sea una entrega en silencio.
Quisiera que mi vida,
como la tuya,
sea «Eucaristía»...


viernes, 15 de mayo de 2015

La gracia carismática en el beato Manuel González


La gracia carismática en el beato Manuel González: 
«Una mirada que decía mucho y pedía más»

Hna. Mª Teresa Castelló Torres, M.E.N.

Las reflexiones presentadas quieren ser una mirada y aproximación a la experiencia carismática del beato Manuel González. Nos acercamos a ella no como algo que ha tenido su momento, sino como algo muy actual y que tiene que ver con la vida de cada uno de nosotros. «La vida de los santos no comprende sólo su biografía terrena, sino también su vida y actuación en Dios después de la muerte. En los santos es evidente que, quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos» .
Un don, un carisma, que a lo largo de los años se ha vivido y compartido con un fondo de sabiduría, de experiencia de Dios y de humanidad, que hoy siguen siendo fuente viva, porque todo carisma tiene su origen en el Espíritu que es Señor y dador de vida.
El beato Manuel González, recién ordenado sacerdote, soñaba con ser párroco de un pueblo de costumbres sanas y vida sencilla. Sin embargo la vocación no se realiza según un esquema preestablecido; es una llamada del Señor; es el misterio de la elección divina; es la libre y gratuita revelación de Dios, en la manifestación de su plan salvífico: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones» .
Y en este contexto, a los pocos meses de ser ordenado sacerdote, don Manuel acoge la gracia que determinará toda su vida y todo su ministerio sacerdotal. Él mismo describe este encuentro con Cristo Eucaristía donde recibe un golpe de luz y un toque decisivo para su vida: «No huí. Allí me quedé un rato largo y allí encontré mi plan de misión y alientos para llevarlo al cabo. Pero sobre todo encontré...  Allí, de rodillas […], mi fe veía […] a un Jesús tan callado, tan paciente […] tan bueno, que me miraba … que me decía mucho y me pedía más […] Yo no sé que nuestra religión tenga un estímulo más poderoso de gratitud, un principio más eficaz de amor, un móvil más fuerte de acción» .
Más allá de las circunstancias ambientales de abandono y falta de cuidado en que se encontraba la parroquia de Palomares del Río  y, especialmente el Sagrario, lo decisivo para el beato Manuel González fue una mirada que le decía mucho y le pedía más, porque sólo el encuentro con la Presencia Viva es lo que puede cambiar y transformar una vida; los ropajes exteriores son sencillamente una mediación, pero no pueden ser fin en sí mismos.
A lo largo del tiempo, ha prevalecido, tal vez con cierta desproporción, el recuerdo del contexto externo, que marcó su experiencia carismática y, por el contrario, ha podido quedar un tanto ensombrecida y menos desarrollado el fundamento y la razón última de dicha experiencia, y que es Cristo Sacramentado y su proyecto de Amor, una Presencia abandonada –como recuerda Don Manuel–  por unas «ganas infinitas de querer y una angustia infinita también, por no encontrar quién quisiera ser querido» .
El trabajo se estructura en tres partes. La primera titulada: Un binomio inseparable: Evangelio y Eucaristía, relación vivida por el beato con singular intensidad. La segunda parte: El encuentro de dos libertades, sitúa la realidad que descubre ante esa mirada que le decía mucho y que le pedía más, así como las consecuencias que de ahí se derivan. La tercera parte: Eucaristizar, una nueva propuesta, marca el camino a seguir, un itinerario que lleva a vivir el amor reparador y el desafío de la gratuidad.
Si nos acercamos a la experiencia carismática del beato Manuel González es porque gracias a este centro y corazón, gracias a la Eucaristía, los santos han vivido, llevando de modos y formas siempre nuevos, el amor de Dios al mundo. Gracias a la Eucaristía, la Iglesia renace siempre de nuevo.


sábado, 14 de febrero de 2015

"Tenemos el mismo punto de encuentro" (Testimonio vocacional Hna Mª Andrea)

La vida de Don Manuel se entretejió con la mía
en un mismo "punto de encuentro": Jesús Eucaristía
Recuerdo que desde los 14 años comencé a hacerme preguntas sobre mi futuro, y a pensar en la posibilidad de la vocación religiosa. Pero aquella posibilidad, aunque me inquietaba, no estaba muy clara aún. Pasaron los años, terminé los estudios de secundaria y comencé la universidad. Sin embargo, aquella posibilidad de la vida consagrada continuaba golpeando insistentemente en mi interior. Sentía con fuerza la llamada de Jesús a seguirlo, más allá de la carrera elegida, pero no sabía bien dónde y cómo. En una oportunidad, sentí fuertemente su presencia en la Eucaristía, y eso fue una luz muy grande que me llenó de entusiasmo. Con la guía de un sacerdote, empecé a visitar a las hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret en Santa Fe (Argentina), cuya comunidad estaba cerca de la ciudad donde yo vivía. Así fue que, en retiros y convivencias con ellas y otras jóvenes que estaban en el mismo camino, comencé un tiempo de discernimiento. Allí también fui conociendo diversos aspectos de la vida de Don Manuel, el fundador de la congregación. Especialmente recuerdo cuando nos contaron sobre su experiencia en Palomares del Río, sobre este encuentro tan especial con el Señor que le cambió la vida para siempre.
También yo sentía que mi vida iba cambiando. No faltaron las dudas, los miedos, las dificultades. Pero ahí estaba Jesús, y lo había descubierto de una manera nueva: ¡Vivo en la Eucaristía, esperándome en el Sagrario, y en cada persona y situación de abandono y olvido de Dios! ¡Finalmente, había encontrado el tesoro, por el cual valía la pena venderlo todo!
Hoy, varios años después de aquellos primeros retiros y convivencias, mi vida sigue entretejida con la de Don Manuel, tenemos el mismo "punto de encuentro": Jesús Eucaristía. Como Misionera Eucarística de Nazaret doy gracias al Señor que me ha llamado, doy gracias por este carisma, y le pido que nos ilumine para continuar nuestra misión, para que sean muchos los que descubran su Presencia, que es Vida, ¡Vida que hace vivir!

Hna Mª Andrea, men


El día de nuestra profesión perpetua

domingo, 1 de febrero de 2015

"Yo también quiero amar así" (Testimonios, Hna Zuly Mª)

¿Por dónde empezar? ¿Qué contar? Son muchas las experiencias maravillosas que me ha regalado el Señor, enriquecidas con el carisma y originalidad del Beato Manuel González.

Escribiré dos testimonios, el primero lo considero la raíz de mi vocación como Misionera Eucarística de Nazaret; la semilla primigenia que luego iría creciendo y madurando, mi primer llamado a una vida eucarística. Esto sucedió cuando yo era apenas una niña y asistía a la catequesis de primera comunión. Recuerdo claramente el día que la catequista nos dijo que Dios nos amaba tanto, que había enviado a su Hijo Único al mundo para que muriera por nosotros en una cruz, para salvarnos, y esto lo hacía por puro amor. Entonces dije en mí interior: “yo también quiero amar así, con Jesús y junto a Jesús”. Luego, un día, sentada en el primer banco de la Iglesia, durante la Eucaristía, fui totalmente consciente, por pura gracia de Dios, que aquel Jesús que tantas veces había visto en las estampas del via crucis, que había sido crucificado y había quedado completamente solo en la cruz, con la compañía de la Virgen María y otras personas que no conocía, era el mismo Jesús que estaba presente en la Hostia Consagrada y que el Sacerdote elevaba durante la consagración. En ese momento quise que aquello que yo había descubierto, muchos más también lo supieran, porque de esta manera Jesús dejaría de sufrir, de estar solo. Además, fue algo tan maravillo aquel descubrimiento que yo quería que otros también lo supieran y disfrutaran.
El segundo testimonio está enmarcado en la misión. Todo ocurrió de la siguiente forma: yo ya estaba en la Congregación, tenía apenas un mes de postulante, era Semana Santa y nos íbamos de misión a un pueblo que solo Dios, y la persona que nos llevaría, sabían dónde quedaba. Esta fue mi primera misión. Éramos tres, Hna. Mª Carlina, Darwin (un chico de la Jer) y yo. Iniciamos nuestro camino muy contentos, disfrutando del paisaje, pero al llegar al lugar todo cambió. Primero: no teníamos lugar dónde quedarnos; segundo: al llegar a la Iglesia aquello era una plaza totalmente abierta, sin puertas ni ventanas, con las mujeres hablando dentro y los niños corriendo de un lugar a otro, y desde luego, sin Sagrario, ni Altar, ni nada. Queríamos salir corriendo, pero ahí nos quedamos. Al pasar los días y no tener respuesta positiva de la gente del lugar, nuestro desánimo fue en aumento, pero un día, de camino por el río, de regreso a la escuela donde nos quedábamos esos días, nos llegó el golpe de Gracia. Todos queríamos regresar a nuestras casas, a nuestra parroquia donde todo estaba bien organizado y la piedad de la gente desbordaba, con nuestros amigos y hermanas de comunidad con los que podíamos rezar… y nos dijimos: “si nosotros nos vamos, esta pobre gente se quedará con menos de lo que tiene de Dios, nadie les hablará de Jesús, si nos han enviado hasta aquí es por algo, es porque el Señor lo quiere, es porque la gente necesita de Dios y somos nosotros los que debemos acercarles a Él". Y como el Bto. Manuel dijimos: "Aunque todos… yo no…”. Y nos quedamos hasta el final de la misión, el Domingo de Resurrección. Este es mi Palomares del Río.
Hna. Zuly Mª, men

viernes, 7 de noviembre de 2014

Alma misionera


Señor toma mi vida nueva antes de que la espera desgaste años en mí.
Estoy dispuesta a lo que quieras, no importa lo que sea, Tú llámame a servir.

Llévame donde los hombres necesiten tus palabras, 
necesiten mis ganas de vivir,
donde falte la esperanza, donde falte la alegría, 
simplemente por no saber de Ti.

Te doy mi corazón sincero para gritar sin miedo tu grandeza Señor.
Tendré mis manos sin cansancio tu historia entre mis labios y fuerza en la oración.

Y así en marcha iré cantando, por calles predicando lo bello que es tu amor.
Señor tengo alma misionera, condúceme a la tierra que tenga sed de Dios.

Familia Eucarística Reparadora - Ecuador

jueves, 30 de octubre de 2014

Entrar en el proceso de hacerse pan


“Cristo Eucaristía, Vida que hace vivir”

El mismo Jesús se llamó “Pan de vida” y, hoy como ayer,
nos invita a entrar en el proceso de hacerse pan.

¡Este es el itinerario de vida de un corazón eucarístico!



viernes, 12 de septiembre de 2014

Acompañando la alegría de decir SÍ


Somos llamadas a amar en libertad.
Somos llamadas a esperar contra toda esperanza.
Somos llamadas a creer, dejándonos guiar por el Espíritu.
Por eso decimos SÍ en castidad, pobreza y obediencia. Y lo hacemos como Jesús Eucaristía, desde el silencio y la entrega total de nuestra vida en la misión donde Él nos "siembre" y todo a ejemplo de María Inmaculada.

Damos gracias a Dios, por el SÍ de nuestras hermanas Ana María Cayuso y María Daniela Zavala, te invitamos a que nos acompañes con tu presencia y tu oración. La cita es el 28 de septiembre en Málaga.


jueves, 19 de junio de 2014

¡Realmente presente!

   "Jesús se da a nosotros en la Eucaristía, comparte nuestro mismo camino, es más, se hace alimento, el verdadero alimento que sostiene nuestra vida también en los momentos en los que el camino se hace duro, los obstáculos ralentizan nuestros pasos. Y en la Eucaristía el Señor nos hace recorrer su camino, el del servicio, el de compartir, el del don, y lo poco que tenemos, lo poco que somos, si se comparte, se convierte en riqueza, porque el poder de Dios, que es el del amor, desciende sobre nuestra pobreza para transformarla.


  Así que preguntémonos, al adorar a Cristo presente realmente en la Eucaristía: ¿me dejo transformar por Él? ¿Dejo que el Señor, que se da a mi, me guíe para salir cada vez más de mi pequeño recinto, para salir y no tener miedo de dar, de compartir, de amarle a Él y a los demás? Hermanos y hermanas: seguimiento, comunión, compartir. Oremos para que la participación en la Eucaristía nos provoque siempre: a seguir al Señor cada día, a ser instrumentos de comunión, a compartir con Él y con nuestro prójimo lo que somos. Entonces nuestra existencia será verdaderamente fecunda. Amén."